Author: Veronica

¿Quién no ha pretendido en alguna ocasión cambiar a alguien?

Seguramente te has visto en esa situación de querer que el otro cambie y sí, encontrarte con cierta reticencia.

De hecho pensamos que es cierta la frase de que las personas nos resistimos al cambio o a aquello de que nos cuesta salir de nuestra zona de confort y, te diré que no es del todo cierto eso.

Fíjate que cambiamos de coche, de casa, de trabajo y hasta incluso de ciudad.

Ocurre que hay diferencias en función de si los cambios los buscamos nosotros o los sentimos como impuestos de fuera por un tercero.

Más de una vez he escuchado el comentario por parte de empresas que recurren a mis servicios de coaching aquello de “eres nuestra última opción, o esta persona cambia o lo siguiente es ya el despido”.

Han intentado ya varias cosas para que la persona cambie y no lo han conseguido. Y es que en la metodología del coaching lo que hacemos es buscar un desarrollo, un crecimiento y en definitiva, una transformación.

Os cuento la diferencia con las palabras en las que Álex Rovira lo explica muy bien haciendo esta distinción entre cambio y transformación.

  • Cambio: implica una necesidad adaptativa frente a una resistencia.
    No nace desde dentro y viene desde fuera.
    Suele ser expresado como “hay que”, “tienes que”.
    Todo cambio genera resistencia, miedo, pereza y no gusta.
  • Transformación: es la incorporación del cambio y es uno mismo o el colectivo que decide ser parte activa. Existe un sentido un motivo que nace desde dentro para modificar el comportamiento.

 

¡Nos cuesta cambiar!

Y nos cuesta porque llevamos toda la vida haciéndolo de una forma y cambiar supone un esfuerzo, tiempo y renunciar a ese algo del presente. La mente se va a resistir porque lo más cómodo es seguir el camino marcado y las formas ya conocidas. Así lo aprendió también de cuando vivíamos en cavernas y lo más seguro era quedarse en ellas pues fuera podía comerte un león.

Por otro lado, una cuestión que queremos evitar cuando planteamos cambios es el tema de que no sea duradero y al tiempo volvamos de nuevo a lo mismo.

Para conseguirlo, os dejo pasos que considero imprescindibles:

  1. Toma de conciencia.

La persona debe de tomar conciencia de la situación.

Somos ciegos en la acción y es necesaria una primera fase de introspección en la que mirar hacia dentro para darnos cuenta de ciertos aspectos sobre nosotros mismos y la necesidad de cambiar.

El cambio debe de suponer un plus y compensar lo que obtendrá con lo que deja de tener.

Tener el convencimiento de que lo mejor es cambiar es el primer paso.

Quizá debamos continuar y llevar a cabo el resto de pasos para poder conseguirlo.

 

  1. Definición de objetivos.

¿Qué queremos conseguir?

Una definición bien detallada de lo que queremos conseguir es clave.

Debemos de ser lo más específicos y concretos en esta fase tratando de que en dos frases se dé respuesta a qué, quién, cómo, cuándo, para qué, dónde,…

Este punto es mucho más efectivo si lo realiza la propia persona que queremos que lleve a cabo el cambio. Recomendable que sea a través de un acompañamiento basado en preguntas que favorezcan la concreción.

Ni que decir que ha de ser en primera persona, en positivo y que el resultado dependa al 100% de uno.

 

  1. Análisis de la situación actual.

Como si de un gps se tratase con una ruta a llevar a cabo, una vez definido el destino, se trata de identificar y hacer un primer análisis a la ubicación actual. Ese “usted está aquí” del mapa.

¿Dónde y cómo estamos?

Es esa zona de confort que como tal conocemos, estamos más o menos a gusto, tenemos ciertas rutinas y la frecuentamos diariamente.

 

  1. Peligros de no cambiar.

Momento de indagar pues qué pasaría si no hacemos nada y mantenemos la situación en la que nos encontramos en el tiempo.

¿Qué pasará si seguimos así en 3 años ó en 5 ó apenas en unos meses?

El ser humano cambia cuando la situación se vuelve crítica o aprieta demasiado.

Dicen que los motivos del cambio vienen por la obtención de un placer o por la evitación o eliminación de un dolor.

 

  1. Motivadores o beneficios que traerá el cambio.

¿Cuáles son los motivos que nos van a hacer actuar?

Motivo + Acción= Motivación.

 

Aquí la pregunta no es por qué quieres cambiar sino ¿para qué?

¿Qué te aportará? ¿Cuáles serán los beneficios?

La persona debe de sentir que son motivos suficientemente fuertes y por los que vale la pena el esfuerzo.

Podemos invitarla a visualizar cómo se sentirá una vez consiga su objetivo con los beneficios que conlleva.

 

  1. Obstáculos que impiden el cambio.

Identificar los obstáculos que nos impiden conseguir el cambio hará que podamos realizar un listado donde darnos cuenta de si éstos son ciertos o no, grandes o pequeños.

¿Qué te impide conseguirlo?

Aquí pueden surgir aspectos como la pereza, la misma inercia del día a día o las rutinas, no saber cómo hacerlo, ciertos miedos, la falta de constancia, no sentirse capaz,…

Anotémoslos todos.

 

  1. Soluciones/Acciones.

Se trata de coger los obstáculos y pensar una solución para cada uno.

Si este es el obstáculo entonces ¿qué podríamos hacer?

Es importante revisar en este punto cómo de ciertos son los obstáculos o si se tratan de creencias.

 

  1. Plan de acción.

Las soluciones debemos de traducirlas en acciones.

¿Qué vas a hacer?

Debemos de definir acciones concretas y con una fecha tope de realización.

Esto hace que podamos verlo paso a paso y aquello que en un primer momento nos parecía una montaña difícil de escalar, lo veamos como por etapas o pequeños escalones.

Lo de la fecha tope de realización es imprescindible para que vaya cumpliendo pues como dice la Ley de Parkinson: “el trabajo se expande hasta llenar el tiempo disponible para que se termine.”

 

  1. Compromiso de acción.

¿Tienes que cambiar o quieres cambiar?

La primera “tienes que” supone obligación y viene impuesto.

La segunda “quieres” implica compromiso y nace desde la convicción.

¿Cuánto de comprometido estás con el cambio?

Es como un testeo con la persona para ver realmente cuánto va a poner de su parte. Como aquello de huevos o bacón del autor Richard Pratt.

En un plato de huevos con bacón, el cerdo está “comprometido” mientras que la gallina solamente está “implicada”.  Hay una sútil diferencia.

Ojo con “lo voy a intentar”.

¿De quién depende?

Aquí la respuesta debe de ser 100% de uno. Y es entonces cuando debemos incidir en que entonces “se hace” no “se intenta”.

Es como poner un lápiz encima de la mesa y pedirle que intente cogerlo.

O lo coges o no lo coges pero no lo intentas.

  1. Seguimiento.

Los pequeños logros al inicio son un buen motivador para que la persona se de cuenta de que puede conseguirlo.

Saber que nos van a preguntar sobre cómo vamos y si hemos cumplido hace que nuestro compromiso aumente al tener que dar cuentas a un tercero de la situación.

Habrá momentos difíciles en los que estar acompañado, creyendo en que la persona puede conseguirlo e inspirarle confianza así como recordarle todo lo que ya ha hecho haciéndole ver el vaso medio lleno en lugar de medio vacío. Poner el foco en lo logrado y no en lo que aún falta.

Marcar hitos de seguimiento hará que se vayan completando acciones. Aprovecharemos para dar feedback positivo.

Como no se trata de una secuencia lineal en la que vayamos a poder seguir los pasos del 1 al 10 quizá debamos de confrontar a la persona nuevamente con sus obstáculos o con sus miedos o con sus motivaciones.

A tener en cuenta que las personas pasamos por distintas fases donde puede existir mayor o menor apertura a los cambios.

Diría que el proceso puede asimilarse al ya definido por Kubler Ross* y que conocemos como el proceso de duelo donde hasta que no haya aceptación no habrá acción.

“El secreto del cambio es hacer que nazca de dentro permitiendo que surja la transformación.”

 

*Negación, Ira, negociación, depresión, aceptación.

No eres así, ¡haces!

Yo es que soy impuntual, yo es que soy tímido,… “yo es que soy así y a estas alturas ya no voy a cambiar”.

No, no eres así. ¡Haces así!
Los demás no son así, ¡hacen así!

Y, si podemos hacer “así” pues, también… (más…)

3 beneficios de viajar que desearás (y puedes) aplicar al mundo de la empresa

1.- Apertura mental.

Cuando viajamos estamos abiertos a conocer nuevos lugares, culturas diferentes, probar otro tipo de comida, que los demás hablen en otros idiomas,…

Existe una apertura para recibir lo nuevo, lo desconocido.

Fíjate que esta experiencia de viajar hace incluso, que seamos capaces de replantearnos formas de funcionamiento diferentes, sí, sí, hablo de modificar nuestros esquemas de pensamiento sobre cómo son o cómo deberían de ser las cosas y logramos ver más allá, ampliamos la mirada, la mente y se abren numerosas posibilidades que ni imaginábamos.

Aplicar esto en la empresa y conseguir esta apertura en las personas favorece la empatía, la escucha, las relaciones interpersonales, la creatividad, el replantearse cómo se han hecho las cosas hasta el momento,…

Estarás de acuerdo conmigo en que se eliminan o si no se reducen considerablemente creencias y barreras generadas por la rutina e incluso esos juicios que tenemos sobre algunos/as compañeros/as, etiquetas que nublan y no nos permiten ver a la persona en su totalidad con sus defectos sí aunque también con sus virtudes (conocido efecto halo negativo). Importante también saber separar el rol del puesto de la persona.

Y, ¿qué me dices de esa frase matadora de “aquí las cosas siempre se han hecho así”?

 

En definitiva, consigue un cambio de mentalidad generador de mejoras, tanto en relaciones como en procesos.

 

“Viajar es un ejercicio con consecuencias fatales para los prejuicios,
la intolerancia y la estrechez de mente» – Mark Twain.

 

 2.- Autoconocimiento.

Viajemos solos o acompañados descubriremos aspectos nuestros, de nosotros mismos que desconocíamos o que incluso nos sorprenderán.

Un viaje nos hace salir de esa zona que conocemos (zona de confort) a otra que podríamos llamar de descubrimiento y por lo tanto, de autoconocimiento.

Podemos quizá sorprendemos afrontando situaciones con muchísima paciencia, relativizando y restando importancia a ciertos problemas que surgen, dándonos cuenta de que podemos vivir sin aquello que hemos olvidado meter en la maleta, por ejemplo o incluso adaptándonos a situaciones y otros entornos de forma rápida y flexible.

Estamos más presentes en el aquí y el ahora, más en contacto con nosotros mismos, con nuestras pasiones,…además el encontrarnos ante nuevas situaciones nos hace darnos cuenta de lo valientes y capaces que somos minimizando ciertos miedos…

En cualquier caso, viajar nos hace crecer, reflexionar, madurar, tener más información sobre nosotros mismos, sobre cómo funcionamos, sobre nuestras fortalezas y nuestras áreas de mejora,…

Imagínate el impacto que pueden tener nuestras acciones en la empresa con mayor introspección, autoconocimiento y confianza en uno mismo. Conocernos más nos ayuda a optimizar nuestra manera de funcionar y esto nos lleva a obtener mejores resultados.

 

“El verdadero viaje de descubrimiento no consiste en buscar nuevos paisajes,
 si no en mirar con nuevos ojos.” Marcel Proust.

 

3.- Acción. Aprender que lo importante es el camino.

Indudablemente hemos de marcar destino y trazar una hoja de ruta (objetivos y plan de acción como empresa).

 ¿Qué queremos ver y visitar? Solemos marcar aquellas cosas que no queremos perdernos durante nuestro viaje.

Sabemos que deberemos organizarnos para que nos dé tiempo a todo, establecer prioridades y tiempos, llamar para reservar,…

Esto nos lleva a algunas personas a elaborar incluso un planning o estructurar una hoja de ruta y por supuesto de presupuesto.

Fíjate qué curioso y evidente resulta que para poder ir de un punto a otro es muy importante ubicarse y saber dónde estamos, lo que es lo mismo, ese punto en el mapa que nos indica “usted está aquí”. Es entonces cuando sabemos esto, que podemos trazar el camino más recto posible, sin dar rodeos ni equivocarnos. Más de una vez me ha pasado andar en sentido contrario ¿a ti no?

 

Observo en las empresas que mucho objetivos, objetivos,… ojo! Que es algo que está muy bien y hoy en día es más que determinante en el éxito de una empresa. Debemos marcarnos retos y a dónde queremos llegar, sí. Ahora bien, ¿qué pasa con ese análisis de situación actual en cuanto a dónde estamos, cuáles son nuestras fortalezas y nuestras áreas de mejora? Es más, hay textos enmarcados con aquello de misión, visión y valores, que sabemos son más parte de la decoración en la mayoría de los casos que de la práctica real diaria de la organización.

¿Dónde estamos?

¿Cómo vamos a conseguir llegar a la meta que nos hemos marcado?

Y una vez definido destino, esto es objetivos y elaborado hoja de ruta o lo que en la empresa llamamos plan de acción, toca enfocarse en el camino. Una vez en el camino ya sí que bien es cierto que podemos hablar de resiliencia por aquello de que en él caeremos, nos levantaremos, insistiremos, aprenderemos,…

 

“Nuestro destino de viaje nunca es un lugar,
sino una nueva forma de mirar las cosas.” Henry Miller.

  

Hay estudios que afirman que todo viaje “suma” y que viajar tiene efectos beneficiosos para la salud. En concreto, la mayoría de ellos coinciden en que disminuye el estrés y la ansiedad, aumenta las habilidades sociales y comunicativas, amplía posibilidades, favorece el auto-descubrimiento, nos aleja del miedo y las inseguridades, nos hace replantearnos cosas,… en definitiva, ¡nos hace más felices!

“VIAJAR ES LA RESPUESTA, NO IMPORTA CUÁL SEA LA PREGUNTA”

Bruja, brujísima que no te pasa información relevante cuando se la pides, que dificulta tu trabajo, que es muy simpática cuando está el jefe delante y no te da ni los buenos días cuando estáis a solas y parece que incluso se alegre cuando te van mal las cosas o no llegas con los plazos. ¿Te ha pasado?

Esa compañera que parece que te tenga envidia, quisiera tu puesto de trabajo, tu sueldo o algunos de los privilegios del mismo como el horario flexible, kilometraje, cheque gourmet o estar en las reuniones de dirección. ¡Qué sé yo!

El caso es que yo tuve una persona así en la oficina y realmente nos habíamos llevado bien desde los inicios. Ahora bien, fue ascender a responsable de departamento y comenzar con dificultades.

Recuerdo una situación en la que tuve que abandonar y salir de la empresa por no cogerla del cuello y en la que me tocaría dar explicaciones al director general de la empresa por no haber cumplido con mi palabra de entrega de un material.

Una cosa es esa competencia sana en la que queremos ser mejores que otros y, otra cosa es la rivalidad entre compañeros/as.

Y sí, digo “bruja” en femenino porque si algo he observado ya sea en el deporte o en el día a día laboral es que los hombres aún habiendo perdido un partido o haberse dado cuatro gritos por diferencias de opinión, son capaces minutos después de irse juntos a tomarse unas cervezas. Esto es algo que difícilmente pasa con las mujeres. Según he leído, pudiera deberse a una diferencia evolutiva de sexo, llamado también como la “hipótesis del guerrero” según un estudio de estudio de la psicóloga Hillary Anger Elfenbein. En esta hipótesis, los hombres se esfuerzan más en la resolución de conflictos y son más dados a la cooperación mientras que las mujeres no olvidan y consideran que no necesitan de la otra. Esto es por el hecho de tener que ir a cazar juntos o mantener una familia.

 

De todas formas, por no desviarme, lo que quiero trasladarte es lo que años más tarde aprendí de una situación incómoda, donde se podía cortar la tensión con un cuchillo, de la que volvía a casa todos los días a ponerle la cabeza como un bombo al que hoy es mi marido sobre llamémosle Silvia, con “la bruja de Silvia hoy esto y lo otro”.

 

A mí me empezaba a costar un sobre esfuerzo ir a trabajar cada día y cada movimiento de la tal Silvia incluso me molestaba y le sacaba mil pegas a todo lo que ella hacía. Sí, se había generado un efecto halo negativo difícil de eliminar que me generaba malestar a mí y a mi marido cada vez que llegaba a casa y no hablaba de otra cosa que de Silvia en plan negativo.

Todos los días me tomaba y servía como dice Borja Vilaseca, chupitos de cianuro. Sí.

Y… si te sientes identificada en esta situación la pregunta que viene a continuación quizá no te guste y es la que en su día a mí me hicieron y me hizo reaccionar:

La bruja, ¿quién es? ¿la tal Silvia o eres tú?

¿Estaría siendo un poco bruja yo también? -pensé.

Me hizo reaccionar y reflexionar sobre varias cosas:

  • Yo podría estar siendo algo bruja para la otra persona también.
  • Quizá si algo no me gusta del otro es porque pudiera ser yo lo tuviera y me costase reconocerlo. Aquello del área ciega, las proyecciones o los otros como espejo.
  • Si soy parte del problema, soy parte de la solución.
  • Será más fácil cambiar yo y la forma en la que veo las cosas que pretender cambiar a otra persona. Locus de control.
  • Poner el foco en mí, en lo que yo puedo hacer, mi responsabilidad y no en lo externo, en lo que está fuera de mi ámbito de actuación, en la queja o los “es que”. Dejar de victimizarme y fíjate pobrecita yo que Silvia esto y lo otro y, responsabilizarme.
  • De mí depende el que me afecte o no la situación. Si no la historia y frase de Viktor Frankl de que “cuando ya no podemos cambiar una situación, tenemos el desafío de cambiarnos a nosotros mismos”
  • Preguntarme: qué tengo que aprender de esta situación.
  • Hablar el tema directamente con Silvia desde una comunicación asertiva y no violenta siguiendo los pasos de Marshall Rosenberg desde:
    • Veo…
    • Siento…
    • Necesito…
    • Te pido…
  • Ir al origen de la situación y buscar distintas interpretaciones a los hechos. Algo que conocí en mis clases de coaching y aplico hoy en día con algunos clientes: la escalera de inferencias.
    • Hechos
    • Interpretación
    • Juicio (etiqueta)
    • Acción
    • Emoción

Ahí me di cuenta realmente de que al cambiar la interpretación que yo hacía de la situación y de pensar que lo hacía para fastidarme y porque quizá habría querido ser ella la persona elegida para ser responsable de departamento, la etiqueta y la emoción cambiaron radicalmente pasando de “bruja, brujísima” y  rabia y tristeza a algo completamente muy diferente como la interpretación de tomar una decisión acertada además pasando a ser la etiqueta de “profesional” y la emoción del amor en sentido amplio por la admiración de su liderazgo.

El pensamiento gatilla la emoción y ésta, la acción.

Mirando atrás la veo realmente como una MAESTRA para mí donde al poner el foco en mí, tomé conciencia de que debía desarrollar mis limitadas habilidades sociales de comunicación y mi pobre inteligencia emocional. Y sí, seguramente me comporté algo bruja.
Acabar con la frase de Jack Sparrow en la película de Piratas del Caribe.

“El problema no es el problema.
El problema, es tu actitud ante el problema”

 

Y un enorme  ¡G R A C I A S!

Será cosa de tanta vitamina D por el sol -yo que estoy en el mediterráneo- o por aquello de alguna sustancia en los plásticos del forro de los libros o qué sé yo pero… sí hay algo con el inicio de curso que, nos hace plantearnos ser  como “mejores personas”.

Nuevas metas, nuevos objetivos, nuevos hábitos, nuevos propósitos,… nuevo yo, nueva vida.

Sí, sí. Y además suele venir acompañado de “voy a hacer deporte, comer sano, aprender inglés, dejar de fumar… impulsar mi negocio, motivar a mis colaboradores,… escribir un libro,…”.

Nos lo planteamos y ¿qué nos ocurre? Algo parecido a lo que leía el otro día en un post de una red social:

“Mañana pienso correr 7 kilómetros, como hoy, que también lo he pensado”.

Empezamos muy motivados con los nuevos propósitos y objetivos pero, no llegamos ni a diciembre y a la vuelta de la esquina, en el mes de enero ya estamos otra vez vuelta a empezar.

No han pasado ni 4 meses y ¿qué ocurre? ¿Por qué no conseguimos ser constantes?

Responde con sinceridad y dime, ¿cuántas veces te has propuesto ya aprender inglés, ir al gimnasio, dejar de fumar, o alguna otra y aún no lo has conseguido?

Bueno…, es que…, ya pero… – ¡¡¡EXCUSAS!!!  O ¿no?

¡Tranquil@! No tienes culpa. Y,.. sí, ¡por supuesto! reconozco que a mí también me ha pasado. Soy persona y no lo hago todo perfecto, ni mucho menos. Nos ha pasado a más de un@.

¿Quieres saber qué hacer para conseguirlo? ¡Te cuento el secreto!

Tras casi 10 años como coach ejecutivo, algo sé en esto de motivación, cambios, hábitos y conseguir objetivos.
Secretos diría que no hay, lo que sí hay son preguntas potentes para responsabilizarte, comprometerte y agilizar el proceso de conseguir lo que te propongas.

Es la forma de reflexionar, definir objetivos, tomar conciencia de nuestros saboteadores para eliminarlos o minimizarlos e  ir realmente a por lo que queremos. ¡Conseguir cambios agilizando el proceso!

¿Cómo? – Con 3 preguntas:

¿Qué quieres?

Has de tener claro qué quieres conseguir, para qué y si realmente compensa el esfuerzo para conseguirlo, entonces, ponerle fecha de inicio y fin. Vamos por partes:

Definición del objetivo por escrito. El hecho de escribirlo le da fuerza.

  • Que cumpla los siguientes requisitos META (o en inglés SMART):
M edible, E specífico, T angible, A lcanzable.  S pecific, M easurable, ttainable, R ealist, imely.

Una vez escrito revisa:

  • Está en positivo.

No podrá contener negación o palabras que indiquen lo que no quiero. Ejemplo: Evitar comer chocolate. No picar entre horas. No agobiarme con el correo electrónico y todas las tareas que tengo que hacer.

Esto es como si te digo: No pienses en un elefante rosa.

¡Ves! Ya apareció en tu cabeza. La mente no funciona en negativo. En positivo mejor.

Siguiendo con uno de los ejemplos sería: Comer sano haciendo 5 comidas diarias de lunes a viernes según la dieta del nutricionista (comiendo arroz, pollo, ensaladas…) de aquí a finales de año para mantener el colesterol en los parámetros recomendados.

Escribe ¿qué quieres?

  • Es propio y depende de ti.

Redáctalo en primera persona del singular: Yo quiero….

  • Es específico.

Que responda a las preguntas:

¿Quién? ¿Qué? ¿Cómo? ¿Cuándo? ¿Dónde? ¿Para qué?

  • Es desafiante.

Que te haga salir de tu zona de confort. Que suponga hacer cosas distintas. Que sea realmente un reto.

Y ahora,

  • Analiza qué ganas y a qué has de renunciar para conseguirlo.

¿Qué ganas? ¿Qué pierdes?

De esta forma veremos hacia donde se decanta la balanza, si bien hacia los beneficios y me compensa, o por el contrario a las pérdidas, inconvenientes, siendo mayor el esfuerzo a realizar que la recompensa de obtenerlo.

En este último caso tu motivación caerá y será difícil conseguirlo si no tienes un buen “para qué quieres hacerlo”.

Que te compensa, pues sigamos.

 

¿Qué te lo impide?

Identifica cuáles son tus saboteadores, barreras, obstáculos a la hora de conseguir tu objetivo. Quizá el miedo al qué dirán, miedo a fallar, miedo a perder lo que tienes, la pereza, la falta de fuerza de voluntad, el orgullo…

Haz una lista, reflexiona sobre ellas y plantea a continuación soluciones a cada uno de los impedimentos.

Será un paso importante darte cuenta que en esa lista apareces tú. Sí, eres tu mayor saboteador. Tu pereza, tu “mañana empiezo” (conocido como procrastinar y posponer el hacer las cosas), tu tirar balones fuera de que son los demás, de tu “voy a esperar al momento ideal”…  -y que se alineen los astros, ¡venga ya!-.

Tú eres parte del problema y, ¡estás de suerte! Habrás oído eso de que entonces, tú eres parte de la solución.

Vamos con la última pregunta:

¿Qué vas a hacer?

Aquí es donde has de indicar acciones. Enumerar cosas concretas que vas a realizar. Desarrolla los pasos que dar en el camino y que te acercarán a tu objetivo. Acciones concretas y específicas.

Y… sigue leyendo porque falta uno de los aspectos más importantes para conseguir llevarlo a cabo ya que atendiendo a la Ley de Parkinson: “el trabajo se expande hasta llenar el tiempo disponible para que se termine”.

¿Qué nos falta pues? ¡Poner fecha!

Es muy importante fijar tiempos y plazos para que esas acciones no queden en la lista de “pendientes” y, sobre todo, que no perdamos la motivación. Marca una fecha de inicio y una fecha de fin. Y si la fecha de fin está muy lejos, divide el objetivo en pequeñas acciones para poder tener metas a corto, medio y largo plazo.

Con todo esto hemos conseguido tener un plan de acción individual.

Después de todo el trabajo, otro de los aspectos importantes a tener en cuenta es, el seguimiento de esas acciones.

El anotar que has hecho lo que dijiste que harías te permitirá tener presente en el día a día tu objetivo. El ver los progresos te mantendrá motivado a seguir caminando en línea a conseguir tu objetivo.

De esta forma, lograrás consolidar nuevos hábitos e ir cumpliendo plazos con las acciones propuestas.

Una vez hecho todo esto, la probabilidad de que consigas tu objetivo es, sin duda, mucho mayor.
Sobre todo porque te darás cuenta que el mayor saboteador ¡eras tú!

No obstante, recuerda que la felicidad está en el camino y no en el destino.

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