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¡¡Plof!! Sí, sí. ¡Plof!

Y es que no todos los días estamos como aquella canción de Hombres G donde David Summers empieza cantando “Hoy me he levantado dando un salto mortal,…”.

Y no, no todos los días tenemos esa actitud del título de “Voy a pasármelo bien”.

Te ocurre a ti, a mí y por supuesto también a los trabajadores y compañeros de la empresa. Y esto, queramos o no, influye directa e inevitablemente en el rendimiento y la cuenta de resultados.

¿Cómo hacemos para motivar a los demás y en concreto a los trabajadores?

Podría poneros un listado de claves para mantener la motivación pero, ¿servirían para todos?
¿Acaso le motivan a Juan las mismas cosas que a Ana o que a Antonio o Isabel?

Por supuesto que hay cosas generales para todos y el listado vendría a ser algo como:

  • Escucha con atención lo que tengan que decirte.
  • Reconoce sus logros y alaba sus progresos.
  • Dales autonomía.
  • Ofrece flexibilidad de horarios y conciliación familiar.

 

De todo esto podemos encontrar información muy fácilmente pero como te decía no hay medidas que funcionen para todos porque cada uno de nosotros es diferente.

Lo que sí hay es una clasificación en base a 4 estilos de comportamiento que puede orientarnos mejor para entender esas diferencias y saber cómo adaptar nuestras medidas motivadoras. Esto viene del psicólogo William Marston que se centró en dar explicación a las conductas de las gente común.  ¿Te gustaría conocerlas?

La clasificación responde a las siglas DISC que vienen de cuál es la respuesta en cuanto a:

  • Dominancia
  • Influencia
  • Serenidad
  • Cumplimiento

Y esto mismo se asocia con un color para cada uno de ellos siendo éstos el rojo, el amarillo, el verde y el  azul.

De ahí que haya personas que será mejor motivarlas según su estilo de comportamiento que cogiendo la clasificación de MapsTell y para una primera idea breve sería:

  • Decisivo
    • Ofrecerle tareas variadas y desafiantes.
    • Dale mucha libertad en cómo hacer las cosas.
    • Hablarle de resultados y recompensas.
    • Reconoce sus logros con una palmadita en la espalda.
  • Influyente
    • Establece objetivos claros y permítele trabajar junto a otros.
    • Crea espacios en los que pueda compartir sus ideas y pensamientos.
    • Fomenta actividades de grupo fuera del trabajo.
    • Aprecia y reconoce públicamente sus habilidades y dale popularidad.

 

  • Estable
    • Define claramente sus tareas y establece o permítele hacer sus propios procesos y procedimientos.
    • Asignalé proyectos que pueda llevar de manera completa de principio a fin.
    • Dale espacio, un ambiente armónico, libre de conflictos y respeta su ritmo.
    • Ofrécele la oportunidad de ayudar a otros o contribuir y reconoce su apoyo al grupo.

 

  • Concienzudo
    • Establece un marco claro de trabajo, adelántale la información por escrito y habla con datos objetivos.
    • Haz una descripción precisa de la tarea donde disponga de tiempo para que pueda recopilar la información necesaria, analizar y reflexionar así como cuidar los detalles y la calidad.
    • Plantéale proyectos que requieran conocimientos específicos y experiencia.
    • Confirma que está realizando bien y correctamente según esperas su trabajo.

 

Ya sé qué te estás preguntando, sí. Y ¿cómo saber de qué estilo es cada uno?

No tenemos un detector de estilos automático en plan escanner que pasar a la gente pero casi. Sí sí, casi porque podemos “mapear” personas y equipos para un mejor entendimiento.

La verdad que es cuestión de hacer un test de diagnóstico o formarse algo en estilos conductuales.

Como es algo más largo de explicar de lo que sería un artículo en un blog, te animo para empezar a que descubras tú mismo/a tu propio estilo.

Puedes hacerlo en el siguiente enlace de manera totalmente gratuita a través del cuestionario de MapsTell visual y original que te pondrá sobre un mapa, literalmente: http://bit.ly/MapsTell

 

 

Y, por supuesto, te recomiendo conocer mucho mejor a tu equipo a través de alguno de los talleres de PersonalMapping para el que puedes solicitarnos información y ver opciones desde 4 horas modalidad in-company.

Para mejorar no solamente la motivación, si no también ventas, clima laboral, liderazgo y trabajo en equipo.

Un ambiente en el que sabemos cómo tratar a los demás y los demás saben lo que necesito y cómo lo prefiero, es sin duda un espacio más agradable y productivo con ese extra de empatía.

 

Más en mapstell.com

Es ver a una persona y ¡pam! ¡Etiqueta!

Sí, sin duda es lo que nos ha hecho evolucionar y sobrevivir como especie pues de lo contrario habríamos sido comidos por algún animal como por ejemplo un león por no haberlo etiquetado de fiero y peligroso. Pero ¿para qué en estos tiempos?

Saber de dónde viene esto de etiquetar a los demás ayuda a que nos demos cuenta de que continuamos haciéndolo porque nos fue útil en el pasado y lo es también en algunas situaciones. No obstante, en la mayoría de casos, a fecha de hoy, sirve para poco positivo ya que supone más una barrera que limita la comunicación y las buenas relaciones.

Las etiquetas justifican un comportamiento y no dan lugar ni oportunidad alguna al cambio. Además, corremos el riesgo de la profecía autocumplida en la que asumimos que si todo el mundo dice que soy “x” entonces es que “debo serlo”.

 

En esto de las etiquetas y sabiendo que vienen generadas por la mente como mecanismo de superviviencia, estarás de acuerdo conmigo que a fecha de hoy, prescindir de ellas en la mayoría de situaciones con personas, nos hará tener una mirada más amplia, empatizar mejor y obtener incluso mejores resultados en nuestro día a día ya sea laboral o personal.

No se me ocurre nada donde lo que hagamos no tenga alguna interacción con algún ser humano pues uno incluso aún y estando solos, nosotros mismos también interactuamos con nuestra propia  persona, esa auto interacción. Sí, nos hablamos, mantenemos con nosotros mismos un diálogo interno e incluso nos etiquetamos. ¿Eres consciente de qué te dices?

¿Has oído alguna vez eso de que el “lenguaje genera la realidad”?

Interesante enfoque este que escuché por primera vez de Rafael Echevarría en mi formación como coach ejecutivo y que daría para otro post e interesantísimo debate.

 

Volviendo a las etiquetas, además ¿sabías que dice mucho más lo que decimos de los demás sobre nosotros mismos que de los otros?

Sí, eso que decimos de otros, etiquetas principalmente o cosas que nos molestan, habla de nuestras limitaciones, de áreas ciegas o que nos cuesta reconocer y sobre todo de cómo vemos el mundo. Habla de nuestra percepción.

Me voy a centrar en la parte de comportamientos para poder explicar un concepto previo muy importante en esto de las etiquetas ya que solemos confundir lo que somos con lo que hacemos.

Para entender esto quiero traerte una una de las maravillosas frases que tiene la película de Forrest Gump, en concreto la de “Mi mamá dice que tonto es el que hace tonterías”.

¿En qué nos basamos para afirmar que alguien es “tonto” o cualquier otra etiqueta?

Si hacemos tonterías, ¿somos tontos?

Seguramente no seamos tontos pero ocurre que las personas etiquetamos a otros en función de las cosas que vemos que HACEN. Distinción importante SER vs HACER.

Mismo ejemplo serviría para por ejemplo la impuntualidad o el dicho de “un perro que maté…”.

Es importante matizar que esto es así porque hablamos de comportamientos y no de personalidad que es algo mucho más profundo que las meras acciones que son observables.

En asertividad se habla de atacar al hecho y no a la persona.

Ejemplo: Has llegado tarde vs eres un impuntual.

Ahí te puede interesar conocer el método de comunicación no violenta de Marshall Rosenberg que me encanta y viene fenomenal para poder decir lo que pensamos sin atacar al otro.

 

Ais! Etiquetas para qué las quiero.

 

De todas formas en esto de las etiquetas podría incluso atreverme a decir:

“Dime cómo etiquetas y te diré quién eres”

Sí, porque cada uno tenemos una preferencia u otra de hacer las cosas. Lo rápido y fácil es no darnos cuenta de que tendemos a pensar que la forma propia de uno es la mejor. Así al ver que otros lo hacen diferente a nosotros tendemos a pensar que son “x” en lugar de abrirnos a aprender sobre lo que vemos o ese mundo del otro.

En lugar de poner una etiqueta, te animo a preguntarte: ¿qué puedo aprender de esta persona o de cómo hace las cosas?

¿Qué hay más allá de la etiqueta?

Ampliemos nuestra mirada, nuestra forma de ver a las personas y al mundo.

Hace unos años, me di cuenta se daba una situación con una persona muy cercana a mí, en la que ésta quería tener la razón y yo sabía que no era exactamente así pero era difícil que la otra persona escuchara. Descubrí que con wikipedia no había necesidad de discutir ni desgastarme para hacer que entendiera.

¿Discutimos o lo miramos en wikipedia? – decía yo cada vez que veía que la conversación iba sobre algo que era o debía de ser de una determinada manera.

Con el tiempo hemos reducido las discusiones y además he ampliado mi visión de las cosas y no solamente por esta útil, libre enciclopedia online sino también porque las cosas a veces no son de una determinada manera, tipo blanco o negro y, si bien es cierto que hay muchísimo en internet y que uno puede encontrar casi todo ahí, no está todo.

Las discusiones las mantenemos con las personas y hay múltiples motivos o una gran variedad de temas sobre las que tenerlas aunque ¿podríamos no discutir? Y si así fuera ¿para qué?

No hay necesidad de discutirlo todo. Ojo que lo digo y reconozco que me llevó bastante tiempo digerir la frase:

“Se selectivo en tus batallas, a veces conviene más tener paz a tener la razón”.

Mathieu Ricard.

 

Hay cosas que son de una determinada manera y pueden demostrarse pero otras pues es bastante difícil pues están dentro de la cabecita de cada uno de nosotros. Me refiero a que cada uno tiene una opinión de las cosas, una forma de interpretar lo que vemos, sentimos o escuchamos. Y ahí el ingrediente mágico se llama empatía, ese ponerse en el lugar del otro y percibir desde dónde el otro ve su realidad. Sí, hablo de percepción.

De lo que en Programación NeuroLingüista o PNL dicen: “El mapa no es el territorio” – frase acuñada por Alfred Korzybsk.

Las personas vemos el mundo que nos rodea en función de nuestras experiencias previas vividas, la cultura, el entorno, la escala de valores, así como otros factores situacionales o transitorios como puedan ser las emociones, las motivaciones,… y es por lo tanto ahí donde pueden surgir dificultades en la comunicación como malentendidos y que entremos a discutir.

Principalmente porque pensamos que la otra persona debe sentir las mismas emociones que yo en determinadas situaciones o incluso actuar en función de mi esquema mental o expectativas. No hacemos el esfuerzo de saber desde dónde ve la otra persona el mundo o cuál es la percepción o su mapa. De hecho, una misma palabra puede incluso interpretarse de maneras diferentes.

 

Entonces, ¿discutimos?

Podemos discutir o hacer el esfuerzo de entender la forma en la que la otra persona percibe el mundo, es decir, cuál es la representación mental que se hace de lo que ve, escucha o siente.

De no hacerlo caeremos en poner etiquetas, emitir juicios, sacar conclusiones precipitadas y erróneas. En definitiva nuestra mirada hacia las personas y nuestras relaciones sociales se verá limitada y abocada al sufrimiento o la discusión.

Casi que podrían haber tantas interpretaciones como personas.

 

Y ¿qué hacemos para entendernos?

 

1. Diferenciar entre Hecho y Opinión.

Hay cosas que pueden demostrarse y son objetivas como los hechos donde todos afirmaríamos que es de determinada manera. Sin embargo, tenemos los juicios que podemos emitir sobre algo o alguien que son las opiniones.

 

2. Preguntar para saber desde dónde se está intrepretando.

Consiste en preguntar para ampliar nuestra mirada y poder empatizar mejor con el otro. Por ejemplo:

¿A qué te refieres con…?

¿En qué te basas para afirmar…?

¿Dónde ves que soy…?

¿Qué he hecho para que afirmes que…?

 

3. Distinguir entre ser vs hacer.

Las etiquetas que otros nos ponen son normalmente por lo que ven que hacemos.

Por ejemplo si llego tarde varias veces pues podrían etiquetarme como que soy impuntual. Si cambio una cita pues pueden etiquetarme como que soy una informal.

Es una forma de verlo y una forma de hablar pues confundimos comportamientos con identidad. No soy, hago algo y desde el esquema mental del otro y la interpretación que hace surge la etiqueta.

 

4. Admitir que el otro puede tener parte de razón y legitimar sus sentimientos para conectar.

Todos tienen razón desde su propio punto de vista. Puedes afirmar: Quizá sea así.

Se trata de priorizar la conexión.

También, la otra persona está en su derecho de sentirse dolida, triste o cualquier otra emoción. Ahora bien, cada uno es responsable de sus propios sentimientos y no somos nosotros los que ponemos triste a la otra persona sino que ella, en función de lo que piensa sobre la realidad y cómo la interpreta, hace que salga una u otra emoción.

 

5. Añadir compasión y amor en sentido amplio.

Es sin duda, desde donde podremos sacar otras interpretaciones a lo ocurrido.

En el caso de haberlo hecho nosotros, podremos explicar con asertividad, sinceridad y trasparencia.

Hay varias técnicas para esto.

Un modelo que me gusta es el de la Comunicación No Violenta (CNV) de Marshall Rosenberg.

  • Veo…
  • Siento…
  • Necesito…
  • Te pido…

A mí me ayuda sobre todo tener en mente que la otra persona hace o dice las cosas de la mejor forma que puede o sabe en ese momento y que en el fondo todos buscamos en cierta forma la aceptación o el amor del otro.

Un ejemplo sencillo podría ser en el trabajo donde un compañero te etiqueta como “aprovechada” o “trepa” o que afirmaría que le pones zancadillas cuando tú te limitas a hacer tu trabajo lo mejor que sabes, le dejas que haga algunas tareas para que aprenda o incluso crezca,…  Ahí tú con tu mejor intención y te encuentras con un enemigo.

Cada uno tenemos una forma egocéntrica de interpretar el mundo y las personas que nos rodean. Exprésate, pregunta, comunica. Elimina esas barreras o una manera limitada de ver a los demás.

Y ¿tú? ¿te armas películas mentales?

¿discutes o te abres a la realidad del otro?

Es que esto, es que lo otro, y fíjate lo que ha dicho, date cuenta de cómo se ha puesto, siempre quiere tener la última palabra, es mejor darle la razón como a los locos, lleva mal no salirse con la suya,… y es que no hay derecho de que me hable así,…

¿Te suena alguna?

Estarás de acuerdo conmigo en que las personas somos complicadas, queremos que nos entiendan, que nos den la razón,  discutimos para defender nuestra postura,…

 

Hay una cuestión a tener en cuenta para entendernos y es que somos diferentes.

Ya no es solamente de que los hombres son de Marte y las mujeres de Venus, como el libro del Dr. John Gray. Independientemente del sexo, como personas, tenemos una u otra forma de ver el mundo y por lo tanto de actuar ante las distintas situaciones.

Desde la antigüedad se ha tratado de explicar el tema del comportamiento humano clasificándose en cuatro los estilos, con nomenclaturas diferentes en función de la asociación realizada por los distintos autores:

 

Seguramente conocerás personas que se leen los manuales y otras que, sin embargo, pasan olímpicamente de ellos. Ni que decir de las personas optimistas y positivas por naturaleza capaces de motivar al más decaído y por otro lado, aquellas que como te descuides te amargan la vida, personas negativas que ven el vaso medio vacío, se ponen en plan cenizo y transmiten mal rollo.

Más de uno nos hemos preguntado alguna vez cómo tratar con ciertas personas que se nos resisten y es que es clave para tener éxito en muchos sentidos. Mejores relaciones interpersonales con los demás conllevan a mayor satisfacción tanto personal como profesional.

Imagina cerrar mejores acuerdos comerciales, conseguir que todos en el equipo te sigan, tener a los mejores perfiles en los puestos adecuados, mantener, desarrollar y motivar a tus colaboradores, crear un buen clima laboral,…

Lo que hemos de entender es que cada uno de nosotros percibimos el mundo en base a quienes somos, es decir, en base a los/as:

  • Valores
  • Creencias
  • Capacidades
  • Comportamientos
  • Entornos o ambiente

 

Esta enumeración, es una gran aportación de Robert Dilts a la Programación NeuroLingüística (PNL) conocida como pirámide de niveles neurológicos y que nos sirve para encontrar el conflicto y cómo resolverlo.

 

A ti que has pasado taytantos años ya contigo mismo quiero preguntarte:

¿te conoces? ¿Qué responderías a la pregunta tan difícil que hacemos como coaches de “quién eres”?

 

Y es que para poder entender a los demás, primero tenemos que entendernos a nosotros mismos, saber qué nos mueve, cómo vemos el mundo, en qué somos buenos, cuáles son nuestras áreas de mejora,…

en definitiva, tu identidad y esto pasa por algo clave que es tu propio autoconocimiento.

 

“De todos los conocimientos posibles,

el más sabio y útil es conocerse a sí mismo”.

William Shakespeare.

 

Entenderme YO, para así entenderte a TI y para poder entendernos (NOSOTROS).

La atípica, extraña e incierta situación del coronavirus que estamos viviendo actualmente nos obliga a una gran mayoría a trabajar en remoto y eso hace que tengamos que buscar otras formas para comunicarnos, interactuar y realizar nuestra actividad laboral del día a día. A parte de los aspectos técnicos,

¿qué hacer para mantener alta la motivación e implicación del equipo?

 

Comparto 10 ideas:

1. Conexión para arrancar el día/la semana:

Un contacto breve para arrancar de 15 minutos a través de una call que sería como los buenos días de por la mañana al llegar a la oficina. Puede hacerse mientras se toma un café, infusión, zumo o similar y con el fin de verse y saludarse.

Puede hacerse a través de Hangouts o Zoom.
Si el equipo es de 4 personas o menos incluso vía Whatsapp o Skype.

El dress code puede ser de estar por casa aunque nunca en pijama.
Es importante asearse y cambiarse de ropa.

 

2. Reuniones online:

Programar reuniones de departamento semanales para poder coordinar los proyectos, debatir, proponer o simplemente organizar tareas a realizar. Un espacio que en el que poder realizar seguimiento, compartir inquietudes,… al igual que las tendríamos en el trabajo de manera presencial para poder lleva a cabo la actividad laboral diaria.

 

3. Camera-café

Es conveniente hacer descansos durante la jornada y poder acudir a la máquina de café donde encontrarnos con algunos compañeros y tener conversaciones de carácter informal.

Por supuesto que pueden decidir si tienen descansos compartidos o a solas ya que tampoco es necesario estar conectado todo el tiempo o todos los días.  Se trata de que conecten si lo desean a la sala en concreto, por ejemplo “café”, para seguir generando ocasiones para comentar de manera informal sobre temas que no sean únicamente de trabajo.

 

4. Afterwork

Después de un intenso día de trabajo son bienvenidos los momentos para tomar algo fuera de la oficina. Momento jueves tarde en muchas empresas donde espontáneamente o de manera regular está establecido irse juntos a tomar una cervecita, un refresco o similar para despejarse y poder tener conversaciones con los compañeros en otro ambiente que permite conocerse e incluso desahogarse.

Esto mismo puede hacerse una vez semanalmente y acudir quien quiera conforme se haría presencialmente.

 

5. Comedor

Durante la jornada de trabajo otro momento juntos que podemos compartir es el de la comida pues bien muchos aprovechan el comedor o salen juntos a algún sitio para comer.

Puede ser buena ocasión para conocer a las familias de los compañeros/as o incluso que nuestros hijos/as puedan hablar con otros niños que están en su misma situación.

 

6. Uno a uno con dirección

Esas dudas puntuales que surgen y que deben de atenderse en el momento para poder atender el día a día deben de poder seguir teniendo lugar. Sería esa puerta abierta del despacho del superior directo, responsable de departamento o incluso del director de la empresa.

 

7. Consultas o sesiones con RRHH

Se trata de una situación difícil donde los trabajadores pueden necesitar resolver dudas laborales o incluso de organizarse a la hora de ser productivos con el teletrabajo sabiendo establecer rutinas que les permita separar lo laboral de lo personal o familiar.

Ofrecer espacios de apoyo desde este departamento para que quienes quieran puedan  expresarse, desahogarse o conocer incluso  pequeños tips para gestionar emocionalmente la actual situación de no poder salir de casa.
A través de sesiones online individuales que servirán para aliviar la ansiedad, el agobio o incluso los miedos dada la incertidumbre de esta crisis del coronavirus.

Puede incluso facilitarse pequeños vídeos o artículos con tips que ayuden a adaptarse a trabajar en remoto, sobrellevar estos momentos a través del autoconocimiento, el mindfulness, la motivación, la inteligencia emocional o similares.

 

8. Formación online

En función de la carga de trabajo, puede ser buen momento para formarse.

Hoy en día contamos con un amplio abanico de cursos, webinars, seminarios y otros online que pueden ofrecerse al equipo para que sigan aprendiendo y reforzando habilidades, bien en temas técnicos o específicos, bien en habilidades de liderazgo, comunicación, trabajo en equipo, toma de decisiones, resolución de conflictos,…

 

9. Deporte y hábitos saludables

Se trata de mantener un equilibrio entre Cuerpo, Mente y Emoción.

Con la cantidad de opciones tecnológicas a través de los dispositivos móviles, podemos fomentar hábitos saludables como son la actividad física y la alimentación.

Una opción motivadora es compartir los progresos de ejercicio de manera grupal. Todo un aliciente para aquellos a los que les cueste algo más la disciplina y la constancia.

Otra opción es demostrar bien sea con una imagen o similar que diarimente comemos fruta y verduras.

Apuntarse a carreras populares, organizar torneos de paddle, futbol u otros incluso con otras empresas vecinas pueden ser otra opción a medio ó largo plazo en función de si puede o no realizarse de manera presencial. Una forma también de hacer pequeños grupos para entrenar.

 

10. Grabar un vídeo:

Realizar una actividad de grupo en la distancia es algo que unirá mucho ya que requiere de una buena comunicación y de un buen trabajo en equipo. Además de que alguien debe de liderar la actividad en cuestión que se decida.

Ejemplos:

  • Canción. Grabar y/o bailar una canción tipo “Quédate en Casa”, “Resistiré” u otras.
  • Elaborar un mensaje original. Imaginación al poder.
  • Sketch de humor.
  • Escena de una película.
  • Fotos de momentos pasados.

 

-> A tener en cuenta.

En todas estas conexiones online surge la oportunidad de encontrar cosas en común  pues veremos un poquito la casa de cada uno con elementos con los que conectar y descubrir aspectos o aficiones en común. Me refiero a quizá un cuadro de un pintor, un instrumento musical como pueda ser una guitarra o un piano, el tipo de decoración,…

Ah! Y algo que también nos acercará será que seguramente, veamos a familiares como hijos o parejas.

Situaciones todas ellas que hemos de ver con total normalidad y flexibilidad.

Es momento de acercarnos a nuestros colaboradores, generar conexiones y humanizar la empresa.

¡Más conectados que nunca!

Un número que muchos asociamos a lo que cuesta un hábito en crearse y que tal día como hoy tiene una lectura diferente ya que es el tiempo que llevamos del llamado confinamiento y del lema de #yomequedoencasa.

Lo que quizá no sabías es que esto de los 21 días viene de cuando allá por 1950 un cirujano plástico llamado Maxwell Maltz se empezó a dar cuenta del patrón que seguían sus pacientes tras haberles modificado algún rasgo de la cara como pudiera ser la nariz. Y esto mismo lo observó en amputados con el llamado miembro fantasma. Y es que les llevaba 21 días en que desapareciese la imagen mental que tenían y acostumbrarse a la nueva.

Parece ser que la imagen que las personas tenemos sobre nosotros mismos y lo que hacemos guardan una estrecha relación entre sí y es por esto por lo que si cambiamos la imagen, cambiarán los hábitos –según Maltz.

 

En estos días habrás leído o escuchado que es buen momento para enfocarte en lo que depende de ti y quizá incluso te hayas propuesto cambiar o iniciar algún hábito.

Ocurre que no suele ser tan sencillo como planteárselo y hacerlo durante 21 días. A parte claro está, de que eso de los 21 días es relativo pues no hay demostración empírica ni científica y dependerá de la persona.

De todas formas, ¿quieres saber cómo hacer con en ese hábito que se te resiste?

La clave principal está en el para qué”.

Tener un motivo suficientemente bueno para lograrlo o conectarlo con algo que realmente quieras.

Previo a esto, a mí me ayuda trabajar con mis clientes en un listado de a qué le va a llevar no hacerlo. Imaginemos que ponemos por caso cualquiera de los habituales personales como comer sano para que todos lo entendamos. Es ahí donde la persona se da cuenta de las fatales consecuencias y el escenario futuro que le espera si sigue comiendo lo que le apetece por ejemplo. Y es que, es algo triste pero el ser humano reacciona para evitar un dolor antes que para obtener un beneficio.

Otra muy buena es para quién.

En más de una ocasión he oído eso de: “mira, hazlo por tus hijos, por tu mujer o por quien quieras si no eres capaz de hacerlo por ti”.

Una pregunta que yo hago mirando a los ojos, desde el más absoluto cariño y respeto es: de cero a diez, ¿cuánto te quieres?

Es ahí donde se hace el silencio manteniendo las miradas.

¿Te mereces ese éxito? ¿Te lo permites?

Date cuenta de que he dicho “cómo hacer con ese hábito que se te resiste”.

Y es que cuando nos da el subidón de cambiar cosas queremos hacer varias al mismo momento. Llevamos taytantos años haciéndolas de una determinada manera y lleva, por lo tanto, su tiempo el hacerlas de otra forma.

Empieza por un hábito. Sí, solo uno.

Ten en cuenta también que habrá días que te de pereza.

Sabiendo que esto ocurrirá, es cuestión de saber que la mente nos engaña porque es perezosa pero que si le dices que es cuestión de un minuto, se lo creerá y te permitirá empezar. Es mejor hacer poco que no hacer nada.

Escucha lo que te dices como “es que no puedo, no me apetece, debería de…” y reformula las frases de manera que sea un lenguaje  positivo y potenciador como por ejemplo, “estoy en proceso de conseguir, cada día estoy más cerca de,…”.

Habrás visto que hay quien se pone una foto en la nevera cuando el hábito está relacionado con la alimentación. Bueno, pregúntate ¿qué te puede ayudar a tener presente que quieres hacerlo?

Hay además un ejercicio muy bueno de visualización que puedes llevar a cabo viajando en el tiempo como si ya lo hubieras conseguido.

Celebrar los logros también es algo que te ayudará a seguir manteniendo la motivación. No solamente es cuestión de registrar tus progresos, cosa que te recomiendo hagas y que funciona sino que te des pequeños premios y compartas con otros que lo estás consiguiendo.

 

¡Ánimo! y… recuerda la frase de Gandhi:

 

“Cuida tus pensamientos porque se volverán actos,

cuida tus actos porque se harán costumbre,

cuida tus costumbres porque formarán tu carácter,

cuida tu carácter porque formará tu destino,

y tu destino será tu vida”

Sí, sí cómo lo lees.

Y es que cuando entiendes el proceso de cómo funcionamos las personas, no son los demás los que nos ponen. No.

Y sí, quizá el titular te recuerde a Lorena Berdún de cuando hablaba de sexo en aquel programa de radio de los 40 principales, “en tu casa o en la mía” y aunque no voy exactamente por ahí, podría equipararse.

Te lanzo la pregunta de si en alguna ocasión has oído decir o incluso dicho tú mism@ aquello de:

“¡Me pones nervios@!”

Sí, una frase que hasta yo misma decía y ¡ojo! porque el lenguaje no es inocente y hay mucho ahí encerrado si lo analizamos.

  • Me pones:
    Lo que hacemos es apuntar con el dedo al culpable en lugar de hacernos responsables.
    Eres TÚ el que me pone nervioso/a MI

Una forma muy fácil de echar balones fuera y culpabilizar a los demás sobre mi estado emocional normalmente alterado (nervioso, cabreado, disgustado,…).

¿A quién apuntamos? A fuera, al otro o a los demás (en plural, me ponen).

Son los demás los que tienen el control sobre mi estado emocional.

 

Otra forma:

  • Me pongo:
    Hablar en primera persona hace que ponga el foco en mí.
    Al afirmar “me pongo nervioso/a”, lo que hacemos es responsabilizarnos de nuestras propias emociones.

¿De quién son las emociones? ¿Quién hace que aparezcan?

Son nuestras emociones y aparecen de lo que pensamos e interpretamos sobre lo que vemos u oímos.

Hacernos responsables es tener el control. Depende de nosotros.

 

La primera forma de hablar quizá nos viene desde bien pequeñitos.

Me viene a la cabeza aquella escena de un niño/a que tropieza con algún objeto como pueda ser, por ejemplo una mesa, se hace daño y se pone a llorar. Ocurre entonces que alguna persona adulta se acerca y para que se le pase dice mientras pega a la mesa con la mano: “Mesa mala, mesa mala”. Además de animar al niño/a a pegarle también.

¿Qué le enseñamos con esto?

El mensaje que le transmitimos es que se ha caído por culpa de algo externo, en este caso, la mesa. Y que además, hay que castigarlo.

 

No sé yo exactamente de dónde vendrá esta falta de responsabilidad y afán por echar balones fuera sobre nuestras emociones.

Lo que sé es que no ayuda que cuando un niño se cae al suelo digamos aquello de “mesa mala” y le peguemos mientras lo decimos.

Desde mi forma de verlo, debemos de hacerle ver el motivo por el que se ha caído. O bien iba muy rápido, o miraba para otro lado, o iba distraído,…

¿Qué debería de hacer para que no vuelva a pasar la próxima vez?

Porque no es la mesa la que le ha hecho caerse, y volviendo al tema, tampoco es aquello de me ponen nerviosa, me sacan de quicio, me …

… como si tuviésemos botones en el brazo con el que en función de pulsar uno u otro fuese cosa de los demás el cabrearme, ponerme triste o nerviosa.

En definitiva, formas victimistas de hablar de las que no nos damos cuenta y que nos mantienen en una posición indefensa donde no hay lugar al cambio y además son los demás los que hacen que me ponga como me pongo. ¡Pobre!

 

Esto ocurre familiares, amigos, compañeros de trabajo,…

Nos sirve a todos los niveles de relaciones.

La clave, para mí conocer el circuito de que el pensamiento gatilla la emoción y la emoción, la acción.

Pensamiento – Emoción – Acción

 

Ese es el circuito y por lo tanto, es uno mismo el que lo activa y hace que surja una u otra emoción y no son los demás.

¡Respira!
Responsabilízate. Cambia tu interpretación, cambia tu emoción.

No, no te ponen nervios@, te pones tú nervis@

¿Quién no ha pretendido en alguna ocasión cambiar a alguien?

Seguramente te has visto en esa situación de querer que el otro cambie y sí, encontrarte con cierta reticencia.

De hecho pensamos que es cierta la frase de que las personas nos resistimos al cambio o a aquello de que nos cuesta salir de nuestra zona de confort y, te diré que no es del todo cierto eso.

Fíjate que cambiamos de coche, de casa, de trabajo y hasta incluso de ciudad.

Ocurre que hay diferencias en función de si los cambios los buscamos nosotros o los sentimos como impuestos de fuera por un tercero.

Más de una vez he escuchado el comentario por parte de empresas que recurren a mis servicios de coaching aquello de “eres nuestra última opción, o esta persona cambia o lo siguiente es ya el despido”.

Han intentado ya varias cosas para que la persona cambie y no lo han conseguido. Y es que en la metodología del coaching lo que hacemos es buscar un desarrollo, un crecimiento y en definitiva, una transformación.

Os cuento la diferencia con las palabras en las que Álex Rovira lo explica muy bien haciendo esta distinción entre cambio y transformación.

  • Cambio: implica una necesidad adaptativa frente a una resistencia.
    No nace desde dentro y viene desde fuera.
    Suele ser expresado como “hay que”, “tienes que”.
    Todo cambio genera resistencia, miedo, pereza y no gusta.
  • Transformación: es la incorporación del cambio y es uno mismo o el colectivo que decide ser parte activa. Existe un sentido un motivo que nace desde dentro para modificar el comportamiento.

 

¡Nos cuesta cambiar!

Y nos cuesta porque llevamos toda la vida haciéndolo de una forma y cambiar supone un esfuerzo, tiempo y renunciar a ese algo del presente. La mente se va a resistir porque lo más cómodo es seguir el camino marcado y las formas ya conocidas. Así lo aprendió también de cuando vivíamos en cavernas y lo más seguro era quedarse en ellas pues fuera podía comerte un león.

Por otro lado, una cuestión que queremos evitar cuando planteamos cambios es el tema de que no sea duradero y al tiempo volvamos de nuevo a lo mismo.

Para conseguirlo, os dejo pasos que considero imprescindibles:

  1. Toma de conciencia.

La persona debe de tomar conciencia de la situación.

Somos ciegos en la acción y es necesaria una primera fase de introspección en la que mirar hacia dentro para darnos cuenta de ciertos aspectos sobre nosotros mismos y la necesidad de cambiar.

El cambio debe de suponer un plus y compensar lo que obtendrá con lo que deja de tener.

Tener el convencimiento de que lo mejor es cambiar es el primer paso.

Quizá debamos continuar y llevar a cabo el resto de pasos para poder conseguirlo.

 

  1. Definición de objetivos.

¿Qué queremos conseguir?

Una definición bien detallada de lo que queremos conseguir es clave.

Debemos de ser lo más específicos y concretos en esta fase tratando de que en dos frases se dé respuesta a qué, quién, cómo, cuándo, para qué, dónde,…

Este punto es mucho más efectivo si lo realiza la propia persona que queremos que lleve a cabo el cambio. Recomendable que sea a través de un acompañamiento basado en preguntas que favorezcan la concreción.

Ni que decir que ha de ser en primera persona, en positivo y que el resultado dependa al 100% de uno.

 

  1. Análisis de la situación actual.

Como si de un gps se tratase con una ruta a llevar a cabo, una vez definido el destino, se trata de identificar y hacer un primer análisis a la ubicación actual. Ese “usted está aquí” del mapa.

¿Dónde y cómo estamos?

Es esa zona de confort que como tal conocemos, estamos más o menos a gusto, tenemos ciertas rutinas y la frecuentamos diariamente.

 

  1. Peligros de no cambiar.

Momento de indagar pues qué pasaría si no hacemos nada y mantenemos la situación en la que nos encontramos en el tiempo.

¿Qué pasará si seguimos así en 3 años ó en 5 ó apenas en unos meses?

El ser humano cambia cuando la situación se vuelve crítica o aprieta demasiado.

Dicen que los motivos del cambio vienen por la obtención de un placer o por la evitación o eliminación de un dolor.

 

  1. Motivadores o beneficios que traerá el cambio.

¿Cuáles son los motivos que nos van a hacer actuar?

Motivo + Acción= Motivación.

 

Aquí la pregunta no es por qué quieres cambiar sino ¿para qué?

¿Qué te aportará? ¿Cuáles serán los beneficios?

La persona debe de sentir que son motivos suficientemente fuertes y por los que vale la pena el esfuerzo.

Podemos invitarla a visualizar cómo se sentirá una vez consiga su objetivo con los beneficios que conlleva.

 

  1. Obstáculos que impiden el cambio.

Identificar los obstáculos que nos impiden conseguir el cambio hará que podamos realizar un listado donde darnos cuenta de si éstos son ciertos o no, grandes o pequeños.

¿Qué te impide conseguirlo?

Aquí pueden surgir aspectos como la pereza, la misma inercia del día a día o las rutinas, no saber cómo hacerlo, ciertos miedos, la falta de constancia, no sentirse capaz,…

Anotémoslos todos.

 

  1. Soluciones/Acciones.

Se trata de coger los obstáculos y pensar una solución para cada uno.

Si este es el obstáculo entonces ¿qué podríamos hacer?

Es importante revisar en este punto cómo de ciertos son los obstáculos o si se tratan de creencias.

 

  1. Plan de acción.

Las soluciones debemos de traducirlas en acciones.

¿Qué vas a hacer?

Debemos de definir acciones concretas y con una fecha tope de realización.

Esto hace que podamos verlo paso a paso y aquello que en un primer momento nos parecía una montaña difícil de escalar, lo veamos como por etapas o pequeños escalones.

Lo de la fecha tope de realización es imprescindible para que vaya cumpliendo pues como dice la Ley de Parkinson: “el trabajo se expande hasta llenar el tiempo disponible para que se termine.”

 

  1. Compromiso de acción.

¿Tienes que cambiar o quieres cambiar?

La primera “tienes que” supone obligación y viene impuesto.

La segunda “quieres” implica compromiso y nace desde la convicción.

¿Cuánto de comprometido estás con el cambio?

Es como un testeo con la persona para ver realmente cuánto va a poner de su parte. Como aquello de huevos o bacón del autor Richard Pratt.

En un plato de huevos con bacón, el cerdo está “comprometido” mientras que la gallina solamente está “implicada”.  Hay una sútil diferencia.

Ojo con “lo voy a intentar”.

¿De quién depende?

Aquí la respuesta debe de ser 100% de uno. Y es entonces cuando debemos incidir en que entonces “se hace” no “se intenta”.

Es como poner un lápiz encima de la mesa y pedirle que intente cogerlo.

O lo coges o no lo coges pero no lo intentas.

  1. Seguimiento.

Los pequeños logros al inicio son un buen motivador para que la persona se de cuenta de que puede conseguirlo.

Saber que nos van a preguntar sobre cómo vamos y si hemos cumplido hace que nuestro compromiso aumente al tener que dar cuentas a un tercero de la situación.

Habrá momentos difíciles en los que estar acompañado, creyendo en que la persona puede conseguirlo e inspirarle confianza así como recordarle todo lo que ya ha hecho haciéndole ver el vaso medio lleno en lugar de medio vacío. Poner el foco en lo logrado y no en lo que aún falta.

Marcar hitos de seguimiento hará que se vayan completando acciones. Aprovecharemos para dar feedback positivo.

Como no se trata de una secuencia lineal en la que vayamos a poder seguir los pasos del 1 al 10 quizá debamos de confrontar a la persona nuevamente con sus obstáculos o con sus miedos o con sus motivaciones.

A tener en cuenta que las personas pasamos por distintas fases donde puede existir mayor o menor apertura a los cambios.

Diría que el proceso puede asimilarse al ya definido por Kubler Ross* y que conocemos como el proceso de duelo donde hasta que no haya aceptación no habrá acción.

“El secreto del cambio es hacer que nazca de dentro permitiendo que surja la transformación.”

 

*Negación, Ira, negociación, depresión, aceptación.

No eres así, ¡haces!

Yo es que soy impuntual, yo es que soy tímido,… “yo es que soy así y a estas alturas ya no voy a cambiar”.

No, no eres así. ¡Haces así!
Los demás no son así, ¡hacen así!

Y, si podemos hacer “así” pues, también… (más…)

3 beneficios de viajar que desearás (y puedes) aplicar al mundo de la empresa

1.- Apertura mental.

Cuando viajamos estamos abiertos a conocer nuevos lugares, culturas diferentes, probar otro tipo de comida, que los demás hablen en otros idiomas,…

Existe una apertura para recibir lo nuevo, lo desconocido.

Fíjate que esta experiencia de viajar hace incluso, que seamos capaces de replantearnos formas de funcionamiento diferentes, sí, sí, hablo de modificar nuestros esquemas de pensamiento sobre cómo son o cómo deberían de ser las cosas y logramos ver más allá, ampliamos la mirada, la mente y se abren numerosas posibilidades que ni imaginábamos.

Aplicar esto en la empresa y conseguir esta apertura en las personas favorece la empatía, la escucha, las relaciones interpersonales, la creatividad, el replantearse cómo se han hecho las cosas hasta el momento,…

Estarás de acuerdo conmigo en que se eliminan o si no se reducen considerablemente creencias y barreras generadas por la rutina e incluso esos juicios que tenemos sobre algunos/as compañeros/as, etiquetas que nublan y no nos permiten ver a la persona en su totalidad con sus defectos sí aunque también con sus virtudes (conocido efecto halo negativo). Importante también saber separar el rol del puesto de la persona.

Y, ¿qué me dices de esa frase matadora de “aquí las cosas siempre se han hecho así”?

 

En definitiva, consigue un cambio de mentalidad generador de mejoras, tanto en relaciones como en procesos.

 

“Viajar es un ejercicio con consecuencias fatales para los prejuicios,
la intolerancia y la estrechez de mente» – Mark Twain.

 

 2.- Autoconocimiento.

Viajemos solos o acompañados descubriremos aspectos nuestros, de nosotros mismos que desconocíamos o que incluso nos sorprenderán.

Un viaje nos hace salir de esa zona que conocemos (zona de confort) a otra que podríamos llamar de descubrimiento y por lo tanto, de autoconocimiento.

Podemos quizá sorprendemos afrontando situaciones con muchísima paciencia, relativizando y restando importancia a ciertos problemas que surgen, dándonos cuenta de que podemos vivir sin aquello que hemos olvidado meter en la maleta, por ejemplo o incluso adaptándonos a situaciones y otros entornos de forma rápida y flexible.

Estamos más presentes en el aquí y el ahora, más en contacto con nosotros mismos, con nuestras pasiones,…además el encontrarnos ante nuevas situaciones nos hace darnos cuenta de lo valientes y capaces que somos minimizando ciertos miedos…

En cualquier caso, viajar nos hace crecer, reflexionar, madurar, tener más información sobre nosotros mismos, sobre cómo funcionamos, sobre nuestras fortalezas y nuestras áreas de mejora,…

Imagínate el impacto que pueden tener nuestras acciones en la empresa con mayor introspección, autoconocimiento y confianza en uno mismo. Conocernos más nos ayuda a optimizar nuestra manera de funcionar y esto nos lleva a obtener mejores resultados.

 

“El verdadero viaje de descubrimiento no consiste en buscar nuevos paisajes,
 si no en mirar con nuevos ojos.” Marcel Proust.

 

3.- Acción. Aprender que lo importante es el camino.

Indudablemente hemos de marcar destino y trazar una hoja de ruta (objetivos y plan de acción como empresa).

 ¿Qué queremos ver y visitar? Solemos marcar aquellas cosas que no queremos perdernos durante nuestro viaje.

Sabemos que deberemos organizarnos para que nos dé tiempo a todo, establecer prioridades y tiempos, llamar para reservar,…

Esto nos lleva a algunas personas a elaborar incluso un planning o estructurar una hoja de ruta y por supuesto de presupuesto.

Fíjate qué curioso y evidente resulta que para poder ir de un punto a otro es muy importante ubicarse y saber dónde estamos, lo que es lo mismo, ese punto en el mapa que nos indica “usted está aquí”. Es entonces cuando sabemos esto, que podemos trazar el camino más recto posible, sin dar rodeos ni equivocarnos. Más de una vez me ha pasado andar en sentido contrario ¿a ti no?

 

Observo en las empresas que mucho objetivos, objetivos,… ojo! Que es algo que está muy bien y hoy en día es más que determinante en el éxito de una empresa. Debemos marcarnos retos y a dónde queremos llegar, sí. Ahora bien, ¿qué pasa con ese análisis de situación actual en cuanto a dónde estamos, cuáles son nuestras fortalezas y nuestras áreas de mejora? Es más, hay textos enmarcados con aquello de misión, visión y valores, que sabemos son más parte de la decoración en la mayoría de los casos que de la práctica real diaria de la organización.

¿Dónde estamos?

¿Cómo vamos a conseguir llegar a la meta que nos hemos marcado?

Y una vez definido destino, esto es objetivos y elaborado hoja de ruta o lo que en la empresa llamamos plan de acción, toca enfocarse en el camino. Una vez en el camino ya sí que bien es cierto que podemos hablar de resiliencia por aquello de que en él caeremos, nos levantaremos, insistiremos, aprenderemos,…

 

“Nuestro destino de viaje nunca es un lugar,
sino una nueva forma de mirar las cosas.” Henry Miller.

  

Hay estudios que afirman que todo viaje “suma” y que viajar tiene efectos beneficiosos para la salud. En concreto, la mayoría de ellos coinciden en que disminuye el estrés y la ansiedad, aumenta las habilidades sociales y comunicativas, amplía posibilidades, favorece el auto-descubrimiento, nos aleja del miedo y las inseguridades, nos hace replantearnos cosas,… en definitiva, ¡nos hace más felices!

“VIAJAR ES LA RESPUESTA, NO IMPORTA CUÁL SEA LA PREGUNTA”

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