¿Discutimos?

¿Discutimos?

Hace unos años, me di cuenta se daba una situación con una persona muy cercana a mí, en la que ésta quería tener la razón y yo sabía que no era exactamente así pero era difícil que la otra persona escuchara. Descubrí que con wikipedia no había necesidad de discutir ni desgastarme para hacer que entendiera.

¿Discutimos o lo miramos en wikipedia? – decía yo cada vez que veía que la conversación iba sobre algo que era o debía de ser de una determinada manera.

Con el tiempo hemos reducido las discusiones y además he ampliado mi visión de las cosas y no solamente por esta útil, libre enciclopedia online sino también porque las cosas a veces no son de una determinada manera, tipo blanco o negro y, si bien es cierto que hay muchísimo en internet y que uno puede encontrar casi todo ahí, no está todo.

Las discusiones las mantenemos con las personas y hay múltiples motivos o una gran variedad de temas sobre las que tenerlas aunque ¿podríamos no discutir? Y si así fuera ¿para qué?

No hay necesidad de discutirlo todo. Ojo que lo digo y reconozco que me llevó bastante tiempo digerir la frase:

“Se selectivo en tus batallas, a veces conviene más tener paz a tener la razón”.

Mathieu Ricard.

 

Hay cosas que son de una determinada manera y pueden demostrarse pero otras pues es bastante difícil pues están dentro de la cabecita de cada uno de nosotros. Me refiero a que cada uno tiene una opinión de las cosas, una forma de interpretar lo que vemos, sentimos o escuchamos. Y ahí el ingrediente mágico se llama empatía, ese ponerse en el lugar del otro y percibir desde dónde el otro ve su realidad. Sí, hablo de percepción.

De lo que en Programación NeuroLingüista o PNL dicen: “El mapa no es el territorio” – frase acuñada por Alfred Korzybsk.

Las personas vemos el mundo que nos rodea en función de nuestras experiencias previas vividas, la cultura, el entorno, la escala de valores, así como otros factores situacionales o transitorios como puedan ser las emociones, las motivaciones,… y es por lo tanto ahí donde pueden surgir dificultades en la comunicación como malentendidos y que entremos a discutir.

Principalmente porque pensamos que la otra persona debe sentir las mismas emociones que yo en determinadas situaciones o incluso actuar en función de mi esquema mental o expectativas. No hacemos el esfuerzo de saber desde dónde ve la otra persona el mundo o cuál es la percepción o su mapa. De hecho, una misma palabra puede incluso interpretarse de maneras diferentes.

 

Entonces, ¿discutimos?

Podemos discutir o hacer el esfuerzo de entender la forma en la que la otra persona percibe el mundo, es decir, cuál es la representación mental que se hace de lo que ve, escucha o siente.

De no hacerlo caeremos en poner etiquetas, emitir juicios, sacar conclusiones precipitadas y erróneas. En definitiva nuestra mirada hacia las personas y nuestras relaciones sociales se verá limitada y abocada al sufrimiento o la discusión.

Casi que podrían haber tantas interpretaciones como personas.

 

Y ¿qué hacemos para entendernos?

 

1. Diferenciar entre Hecho y Opinión.

Hay cosas que pueden demostrarse y son objetivas como los hechos donde todos afirmaríamos que es de determinada manera. Sin embargo, tenemos los juicios que podemos emitir sobre algo o alguien que son las opiniones.

 

2. Preguntar para saber desde dónde se está intrepretando.

Consiste en preguntar para ampliar nuestra mirada y poder empatizar mejor con el otro. Por ejemplo:

¿A qué te refieres con…?

¿En qué te basas para afirmar…?

¿Dónde ves que soy…?

¿Qué he hecho para que afirmes que…?

 

3. Distinguir entre ser vs hacer.

Las etiquetas que otros nos ponen son normalmente por lo que ven que hacemos.

Por ejemplo si llego tarde varias veces pues podrían etiquetarme como que soy impuntual. Si cambio una cita pues pueden etiquetarme como que soy una informal.

Es una forma de verlo y una forma de hablar pues confundimos comportamientos con identidad. No soy, hago algo y desde el esquema mental del otro y la interpretación que hace surge la etiqueta.

 

4. Admitir que el otro puede tener parte de razón y legitimar sus sentimientos para conectar.

Todos tienen razón desde su propio punto de vista. Puedes afirmar: Quizá sea así.

Se trata de priorizar la conexión.

También, la otra persona está en su derecho de sentirse dolida, triste o cualquier otra emoción. Ahora bien, cada uno es responsable de sus propios sentimientos y no somos nosotros los que ponemos triste a la otra persona sino que ella, en función de lo que piensa sobre la realidad y cómo la interpreta, hace que salga una u otra emoción.

 

5. Añadir compasión y amor en sentido amplio.

Es sin duda, desde donde podremos sacar otras interpretaciones a lo ocurrido.

En el caso de haberlo hecho nosotros, podremos explicar con asertividad, sinceridad y trasparencia.

Hay varias técnicas para esto.

Un modelo que me gusta es el de la Comunicación No Violenta (CNV) de Marshall Rosenberg.

  • Veo…
  • Siento…
  • Necesito…
  • Te pido…

A mí me ayuda sobre todo tener en mente que la otra persona hace o dice las cosas de la mejor forma que puede o sabe en ese momento y que en el fondo todos buscamos en cierta forma la aceptación o el amor del otro.

Un ejemplo sencillo podría ser en el trabajo donde un compañero te etiqueta como “aprovechada” o “trepa” o que afirmaría que le pones zancadillas cuando tú te limitas a hacer tu trabajo lo mejor que sabes, le dejas que haga algunas tareas para que aprenda o incluso crezca,…  Ahí tú con tu mejor intención y te encuentras con un enemigo.

Cada uno tenemos una forma egocéntrica de interpretar el mundo y las personas que nos rodean. Exprésate, pregunta, comunica. Elimina esas barreras o una manera limitada de ver a los demás.

Y ¿tú? ¿te armas películas mentales?

¿discutes o te abres a la realidad del otro?



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