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¿Quién no ha pretendido en alguna ocasión cambiar a alguien?

Seguramente te has visto en esa situación de querer que el otro cambie y sí, encontrarte con cierta reticencia.

De hecho pensamos que es cierta la frase de que las personas nos resistimos al cambio o a aquello de que nos cuesta salir de nuestra zona de confort y, te diré que no es del todo cierto eso.

Fíjate que cambiamos de coche, de casa, de trabajo y hasta incluso de ciudad.

Ocurre que hay diferencias en función de si los cambios los buscamos nosotros o los sentimos como impuestos de fuera por un tercero.

Más de una vez he escuchado el comentario por parte de empresas que recurren a mis servicios de coaching aquello de “eres nuestra última opción, o esta persona cambia o lo siguiente es ya el despido”.

Han intentado ya varias cosas para que la persona cambie y no lo han conseguido. Y es que en la metodología del coaching lo que hacemos es buscar un desarrollo, un crecimiento y en definitiva, una transformación.

Os cuento la diferencia con las palabras en las que Álex Rovira lo explica muy bien haciendo esta distinción entre cambio y transformación.

  • Cambio: implica una necesidad adaptativa frente a una resistencia.
    No nace desde dentro y viene desde fuera.
    Suele ser expresado como “hay que”, “tienes que”.
    Todo cambio genera resistencia, miedo, pereza y no gusta.
  • Transformación: es la incorporación del cambio y es uno mismo o el colectivo que decide ser parte activa. Existe un sentido un motivo que nace desde dentro para modificar el comportamiento.

 

¡Nos cuesta cambiar!

Y nos cuesta porque llevamos toda la vida haciéndolo de una forma y cambiar supone un esfuerzo, tiempo y renunciar a ese algo del presente. La mente se va a resistir porque lo más cómodo es seguir el camino marcado y las formas ya conocidas. Así lo aprendió también de cuando vivíamos en cavernas y lo más seguro era quedarse en ellas pues fuera podía comerte un león.

Por otro lado, una cuestión que queremos evitar cuando planteamos cambios es el tema de que no sea duradero y al tiempo volvamos de nuevo a lo mismo.

Para conseguirlo, os dejo pasos que considero imprescindibles:

  1. Toma de conciencia.

La persona debe de tomar conciencia de la situación.

Somos ciegos en la acción y es necesaria una primera fase de introspección en la que mirar hacia dentro para darnos cuenta de ciertos aspectos sobre nosotros mismos y la necesidad de cambiar.

El cambio debe de suponer un plus y compensar lo que obtendrá con lo que deja de tener.

Tener el convencimiento de que lo mejor es cambiar es el primer paso.

Quizá debamos continuar y llevar a cabo el resto de pasos para poder conseguirlo.

 

  1. Definición de objetivos.

¿Qué queremos conseguir?

Una definición bien detallada de lo que queremos conseguir es clave.

Debemos de ser lo más específicos y concretos en esta fase tratando de que en dos frases se dé respuesta a qué, quién, cómo, cuándo, para qué, dónde,…

Este punto es mucho más efectivo si lo realiza la propia persona que queremos que lleve a cabo el cambio. Recomendable que sea a través de un acompañamiento basado en preguntas que favorezcan la concreción.

Ni que decir que ha de ser en primera persona, en positivo y que el resultado dependa al 100% de uno.

 

  1. Análisis de la situación actual.

Como si de un gps se tratase con una ruta a llevar a cabo, una vez definido el destino, se trata de identificar y hacer un primer análisis a la ubicación actual. Ese “usted está aquí” del mapa.

¿Dónde y cómo estamos?

Es esa zona de confort que como tal conocemos, estamos más o menos a gusto, tenemos ciertas rutinas y la frecuentamos diariamente.

 

  1. Peligros de no cambiar.

Momento de indagar pues qué pasaría si no hacemos nada y mantenemos la situación en la que nos encontramos en el tiempo.

¿Qué pasará si seguimos así en 3 años ó en 5 ó apenas en unos meses?

El ser humano cambia cuando la situación se vuelve crítica o aprieta demasiado.

Dicen que los motivos del cambio vienen por la obtención de un placer o por la evitación o eliminación de un dolor.

 

  1. Motivadores o beneficios que traerá el cambio.

¿Cuáles son los motivos que nos van a hacer actuar?

Motivo + Acción= Motivación.

 

Aquí la pregunta no es por qué quieres cambiar sino ¿para qué?

¿Qué te aportará? ¿Cuáles serán los beneficios?

La persona debe de sentir que son motivos suficientemente fuertes y por los que vale la pena el esfuerzo.

Podemos invitarla a visualizar cómo se sentirá una vez consiga su objetivo con los beneficios que conlleva.

 

  1. Obstáculos que impiden el cambio.

Identificar los obstáculos que nos impiden conseguir el cambio hará que podamos realizar un listado donde darnos cuenta de si éstos son ciertos o no, grandes o pequeños.

¿Qué te impide conseguirlo?

Aquí pueden surgir aspectos como la pereza, la misma inercia del día a día o las rutinas, no saber cómo hacerlo, ciertos miedos, la falta de constancia, no sentirse capaz,…

Anotémoslos todos.

 

  1. Soluciones/Acciones.

Se trata de coger los obstáculos y pensar una solución para cada uno.

Si este es el obstáculo entonces ¿qué podríamos hacer?

Es importante revisar en este punto cómo de ciertos son los obstáculos o si se tratan de creencias.

 

  1. Plan de acción.

Las soluciones debemos de traducirlas en acciones.

¿Qué vas a hacer?

Debemos de definir acciones concretas y con una fecha tope de realización.

Esto hace que podamos verlo paso a paso y aquello que en un primer momento nos parecía una montaña difícil de escalar, lo veamos como por etapas o pequeños escalones.

Lo de la fecha tope de realización es imprescindible para que vaya cumpliendo pues como dice la Ley de Parkinson: “el trabajo se expande hasta llenar el tiempo disponible para que se termine.”

 

  1. Compromiso de acción.

¿Tienes que cambiar o quieres cambiar?

La primera “tienes que” supone obligación y viene impuesto.

La segunda “quieres” implica compromiso y nace desde la convicción.

¿Cuánto de comprometido estás con el cambio?

Es como un testeo con la persona para ver realmente cuánto va a poner de su parte. Como aquello de huevos o bacón del autor Richard Pratt.

En un plato de huevos con bacón, el cerdo está “comprometido” mientras que la gallina solamente está “implicada”.  Hay una sútil diferencia.

Ojo con “lo voy a intentar”.

¿De quién depende?

Aquí la respuesta debe de ser 100% de uno. Y es entonces cuando debemos incidir en que entonces “se hace” no “se intenta”.

Es como poner un lápiz encima de la mesa y pedirle que intente cogerlo.

O lo coges o no lo coges pero no lo intentas.

  1. Seguimiento.

Los pequeños logros al inicio son un buen motivador para que la persona se de cuenta de que puede conseguirlo.

Saber que nos van a preguntar sobre cómo vamos y si hemos cumplido hace que nuestro compromiso aumente al tener que dar cuentas a un tercero de la situación.

Habrá momentos difíciles en los que estar acompañado, creyendo en que la persona puede conseguirlo e inspirarle confianza así como recordarle todo lo que ya ha hecho haciéndole ver el vaso medio lleno en lugar de medio vacío. Poner el foco en lo logrado y no en lo que aún falta.

Marcar hitos de seguimiento hará que se vayan completando acciones. Aprovecharemos para dar feedback positivo.

Como no se trata de una secuencia lineal en la que vayamos a poder seguir los pasos del 1 al 10 quizá debamos de confrontar a la persona nuevamente con sus obstáculos o con sus miedos o con sus motivaciones.

A tener en cuenta que las personas pasamos por distintas fases donde puede existir mayor o menor apertura a los cambios.

Diría que el proceso puede asimilarse al ya definido por Kubler Ross* y que conocemos como el proceso de duelo donde hasta que no haya aceptación no habrá acción.

“El secreto del cambio es hacer que nazca de dentro permitiendo que surja la transformación.”

 

*Negación, Ira, negociación, depresión, aceptación.

Será cosa de tanta vitamina D por el sol -yo que estoy en el mediterráneo- o por aquello de alguna sustancia en los plásticos del forro de los libros o qué sé yo pero… sí hay algo con el inicio de curso que, nos hace plantearnos ser  como “mejores personas”.

Nuevas metas, nuevos objetivos, nuevos hábitos, nuevos propósitos,… nuevo yo, nueva vida.

Sí, sí. Y además suele venir acompañado de “voy a hacer deporte, comer sano, aprender inglés, dejar de fumar… impulsar mi negocio, motivar a mis colaboradores,… escribir un libro,…”.

Nos lo planteamos y ¿qué nos ocurre? Algo parecido a lo que leía el otro día en un post de una red social:

“Mañana pienso correr 7 kilómetros, como hoy, que también lo he pensado”.

Empezamos muy motivados con los nuevos propósitos y objetivos pero, no llegamos ni a diciembre y a la vuelta de la esquina, en el mes de enero ya estamos otra vez vuelta a empezar.

No han pasado ni 4 meses y ¿qué ocurre? ¿Por qué no conseguimos ser constantes?

Responde con sinceridad y dime, ¿cuántas veces te has propuesto ya aprender inglés, ir al gimnasio, dejar de fumar, o alguna otra y aún no lo has conseguido?

Bueno…, es que…, ya pero… – ¡¡¡EXCUSAS!!!  O ¿no?

¡Tranquil@! No tienes culpa. Y,.. sí, ¡por supuesto! reconozco que a mí también me ha pasado. Soy persona y no lo hago todo perfecto, ni mucho menos. Nos ha pasado a más de un@.

¿Quieres saber qué hacer para conseguirlo? ¡Te cuento el secreto!

Tras casi 10 años como coach ejecutivo, algo sé en esto de motivación, cambios, hábitos y conseguir objetivos.
Secretos diría que no hay, lo que sí hay son preguntas potentes para responsabilizarte, comprometerte y agilizar el proceso de conseguir lo que te propongas.

Es la forma de reflexionar, definir objetivos, tomar conciencia de nuestros saboteadores para eliminarlos o minimizarlos e  ir realmente a por lo que queremos. ¡Conseguir cambios agilizando el proceso!

¿Cómo? – Con 3 preguntas:

¿Qué quieres?

Has de tener claro qué quieres conseguir, para qué y si realmente compensa el esfuerzo para conseguirlo, entonces, ponerle fecha de inicio y fin. Vamos por partes:

Definición del objetivo por escrito. El hecho de escribirlo le da fuerza.

  • Que cumpla los siguientes requisitos META (o en inglés SMART):
M edible, E specífico, T angible, A lcanzable.  S pecific, M easurable, ttainable, R ealist, imely.

Una vez escrito revisa:

  • Está en positivo.

No podrá contener negación o palabras que indiquen lo que no quiero. Ejemplo: Evitar comer chocolate. No picar entre horas. No agobiarme con el correo electrónico y todas las tareas que tengo que hacer.

Esto es como si te digo: No pienses en un elefante rosa.

¡Ves! Ya apareció en tu cabeza. La mente no funciona en negativo. En positivo mejor.

Siguiendo con uno de los ejemplos sería: Comer sano haciendo 5 comidas diarias de lunes a viernes según la dieta del nutricionista (comiendo arroz, pollo, ensaladas…) de aquí a finales de año para mantener el colesterol en los parámetros recomendados.

Escribe ¿qué quieres?

  • Es propio y depende de ti.

Redáctalo en primera persona del singular: Yo quiero….

  • Es específico.

Que responda a las preguntas:

¿Quién? ¿Qué? ¿Cómo? ¿Cuándo? ¿Dónde? ¿Para qué?

  • Es desafiante.

Que te haga salir de tu zona de confort. Que suponga hacer cosas distintas. Que sea realmente un reto.

Y ahora,

  • Analiza qué ganas y a qué has de renunciar para conseguirlo.

¿Qué ganas? ¿Qué pierdes?

De esta forma veremos hacia donde se decanta la balanza, si bien hacia los beneficios y me compensa, o por el contrario a las pérdidas, inconvenientes, siendo mayor el esfuerzo a realizar que la recompensa de obtenerlo.

En este último caso tu motivación caerá y será difícil conseguirlo si no tienes un buen “para qué quieres hacerlo”.

Que te compensa, pues sigamos.

 

¿Qué te lo impide?

Identifica cuáles son tus saboteadores, barreras, obstáculos a la hora de conseguir tu objetivo. Quizá el miedo al qué dirán, miedo a fallar, miedo a perder lo que tienes, la pereza, la falta de fuerza de voluntad, el orgullo…

Haz una lista, reflexiona sobre ellas y plantea a continuación soluciones a cada uno de los impedimentos.

Será un paso importante darte cuenta que en esa lista apareces tú. Sí, eres tu mayor saboteador. Tu pereza, tu “mañana empiezo” (conocido como procrastinar y posponer el hacer las cosas), tu tirar balones fuera de que son los demás, de tu “voy a esperar al momento ideal”…  -y que se alineen los astros, ¡venga ya!-.

Tú eres parte del problema y, ¡estás de suerte! Habrás oído eso de que entonces, tú eres parte de la solución.

Vamos con la última pregunta:

¿Qué vas a hacer?

Aquí es donde has de indicar acciones. Enumerar cosas concretas que vas a realizar. Desarrolla los pasos que dar en el camino y que te acercarán a tu objetivo. Acciones concretas y específicas.

Y… sigue leyendo porque falta uno de los aspectos más importantes para conseguir llevarlo a cabo ya que atendiendo a la Ley de Parkinson: “el trabajo se expande hasta llenar el tiempo disponible para que se termine”.

¿Qué nos falta pues? ¡Poner fecha!

Es muy importante fijar tiempos y plazos para que esas acciones no queden en la lista de “pendientes” y, sobre todo, que no perdamos la motivación. Marca una fecha de inicio y una fecha de fin. Y si la fecha de fin está muy lejos, divide el objetivo en pequeñas acciones para poder tener metas a corto, medio y largo plazo.

Con todo esto hemos conseguido tener un plan de acción individual.

Después de todo el trabajo, otro de los aspectos importantes a tener en cuenta es, el seguimiento de esas acciones.

El anotar que has hecho lo que dijiste que harías te permitirá tener presente en el día a día tu objetivo. El ver los progresos te mantendrá motivado a seguir caminando en línea a conseguir tu objetivo.

De esta forma, lograrás consolidar nuevos hábitos e ir cumpliendo plazos con las acciones propuestas.

Una vez hecho todo esto, la probabilidad de que consigas tu objetivo es, sin duda, mucho mayor.
Sobre todo porque te darás cuenta que el mayor saboteador ¡eras tú!

No obstante, recuerda que la felicidad está en el camino y no en el destino.

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