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3 beneficios de viajar que desearás (y puedes) aplicar al mundo de la empresa

1.- Apertura mental.

Cuando viajamos estamos abiertos a conocer nuevos lugares, culturas diferentes, probar otro tipo de comida, que los demás hablen en otros idiomas,…

Existe una apertura para recibir lo nuevo, lo desconocido.

Fíjate que esta experiencia de viajar hace incluso, que seamos capaces de replantearnos formas de funcionamiento diferentes, sí, sí, hablo de modificar nuestros esquemas de pensamiento sobre cómo son o cómo deberían de ser las cosas y logramos ver más allá, ampliamos la mirada, la mente y se abren numerosas posibilidades que ni imaginábamos.

Aplicar esto en la empresa y conseguir esta apertura en las personas favorece la empatía, la escucha, las relaciones interpersonales, la creatividad, el replantearse cómo se han hecho las cosas hasta el momento,…

Estarás de acuerdo conmigo en que se eliminan o si no se reducen considerablemente creencias y barreras generadas por la rutina e incluso esos juicios que tenemos sobre algunos/as compañeros/as, etiquetas que nublan y no nos permiten ver a la persona en su totalidad con sus defectos sí aunque también con sus virtudes (conocido efecto halo negativo). Importante también saber separar el rol del puesto de la persona.

Y, ¿qué me dices de esa frase matadora de “aquí las cosas siempre se han hecho así”?

 

En definitiva, consigue un cambio de mentalidad generador de mejoras, tanto en relaciones como en procesos.

 

“Viajar es un ejercicio con consecuencias fatales para los prejuicios,
la intolerancia y la estrechez de mente» – Mark Twain.

 

 2.- Autoconocimiento.

Viajemos solos o acompañados descubriremos aspectos nuestros, de nosotros mismos que desconocíamos o que incluso nos sorprenderán.

Un viaje nos hace salir de esa zona que conocemos (zona de confort) a otra que podríamos llamar de descubrimiento y por lo tanto, de autoconocimiento.

Podemos quizá sorprendemos afrontando situaciones con muchísima paciencia, relativizando y restando importancia a ciertos problemas que surgen, dándonos cuenta de que podemos vivir sin aquello que hemos olvidado meter en la maleta, por ejemplo o incluso adaptándonos a situaciones y otros entornos de forma rápida y flexible.

Estamos más presentes en el aquí y el ahora, más en contacto con nosotros mismos, con nuestras pasiones,…además el encontrarnos ante nuevas situaciones nos hace darnos cuenta de lo valientes y capaces que somos minimizando ciertos miedos…

En cualquier caso, viajar nos hace crecer, reflexionar, madurar, tener más información sobre nosotros mismos, sobre cómo funcionamos, sobre nuestras fortalezas y nuestras áreas de mejora,…

Imagínate el impacto que pueden tener nuestras acciones en la empresa con mayor introspección, autoconocimiento y confianza en uno mismo. Conocernos más nos ayuda a optimizar nuestra manera de funcionar y esto nos lleva a obtener mejores resultados.

 

“El verdadero viaje de descubrimiento no consiste en buscar nuevos paisajes,
 si no en mirar con nuevos ojos.” Marcel Proust.

 

3.- Acción. Aprender que lo importante es el camino.

Indudablemente hemos de marcar destino y trazar una hoja de ruta (objetivos y plan de acción como empresa).

 ¿Qué queremos ver y visitar? Solemos marcar aquellas cosas que no queremos perdernos durante nuestro viaje.

Sabemos que deberemos organizarnos para que nos dé tiempo a todo, establecer prioridades y tiempos, llamar para reservar,…

Esto nos lleva a algunas personas a elaborar incluso un planning o estructurar una hoja de ruta y por supuesto de presupuesto.

Fíjate qué curioso y evidente resulta que para poder ir de un punto a otro es muy importante ubicarse y saber dónde estamos, lo que es lo mismo, ese punto en el mapa que nos indica “usted está aquí”. Es entonces cuando sabemos esto, que podemos trazar el camino más recto posible, sin dar rodeos ni equivocarnos. Más de una vez me ha pasado andar en sentido contrario ¿a ti no?

 

Observo en las empresas que mucho objetivos, objetivos,… ojo! Que es algo que está muy bien y hoy en día es más que determinante en el éxito de una empresa. Debemos marcarnos retos y a dónde queremos llegar, sí. Ahora bien, ¿qué pasa con ese análisis de situación actual en cuanto a dónde estamos, cuáles son nuestras fortalezas y nuestras áreas de mejora? Es más, hay textos enmarcados con aquello de misión, visión y valores, que sabemos son más parte de la decoración en la mayoría de los casos que de la práctica real diaria de la organización.

¿Dónde estamos?

¿Cómo vamos a conseguir llegar a la meta que nos hemos marcado?

Y una vez definido destino, esto es objetivos y elaborado hoja de ruta o lo que en la empresa llamamos plan de acción, toca enfocarse en el camino. Una vez en el camino ya sí que bien es cierto que podemos hablar de resiliencia por aquello de que en él caeremos, nos levantaremos, insistiremos, aprenderemos,…

 

“Nuestro destino de viaje nunca es un lugar,
sino una nueva forma de mirar las cosas.” Henry Miller.

  

Hay estudios que afirman que todo viaje “suma” y que viajar tiene efectos beneficiosos para la salud. En concreto, la mayoría de ellos coinciden en que disminuye el estrés y la ansiedad, aumenta las habilidades sociales y comunicativas, amplía posibilidades, favorece el auto-descubrimiento, nos aleja del miedo y las inseguridades, nos hace replantearnos cosas,… en definitiva, ¡nos hace más felices!

“VIAJAR ES LA RESPUESTA, NO IMPORTA CUÁL SEA LA PREGUNTA”

Bruja, brujísima que no te pasa información relevante cuando se la pides, que dificulta tu trabajo, que es muy simpática cuando está el jefe delante y no te da ni los buenos días cuando estáis a solas y parece que incluso se alegre cuando te van mal las cosas o no llegas con los plazos. ¿Te ha pasado?

Esa compañera que parece que te tenga envidia, quisiera tu puesto de trabajo, tu sueldo o algunos de los privilegios del mismo como el horario flexible, kilometraje, cheque gourmet o estar en las reuniones de dirección. ¡Qué sé yo!

El caso es que yo tuve una persona así en la oficina y realmente nos habíamos llevado bien desde los inicios. Ahora bien, fue ascender a responsable de departamento y comenzar con dificultades.

Recuerdo una situación en la que tuve que abandonar y salir de la empresa por no cogerla del cuello y en la que me tocaría dar explicaciones al director general de la empresa por no haber cumplido con mi palabra de entrega de un material.

Una cosa es esa competencia sana en la que queremos ser mejores que otros y, otra cosa es la rivalidad entre compañeros/as.

Y sí, digo “bruja” en femenino porque si algo he observado ya sea en el deporte o en el día a día laboral es que los hombres aún habiendo perdido un partido o haberse dado cuatro gritos por diferencias de opinión, son capaces minutos después de irse juntos a tomarse unas cervezas. Esto es algo que difícilmente pasa con las mujeres. Según he leído, pudiera deberse a una diferencia evolutiva de sexo, llamado también como la “hipótesis del guerrero” según un estudio de estudio de la psicóloga Hillary Anger Elfenbein. En esta hipótesis, los hombres se esfuerzan más en la resolución de conflictos y son más dados a la cooperación mientras que las mujeres no olvidan y consideran que no necesitan de la otra. Esto es por el hecho de tener que ir a cazar juntos o mantener una familia.

 

De todas formas, por no desviarme, lo que quiero trasladarte es lo que años más tarde aprendí de una situación incómoda, donde se podía cortar la tensión con un cuchillo, de la que volvía a casa todos los días a ponerle la cabeza como un bombo al que hoy es mi marido sobre llamémosle Silvia, con “la bruja de Silvia hoy esto y lo otro”.

 

A mí me empezaba a costar un sobre esfuerzo ir a trabajar cada día y cada movimiento de la tal Silvia incluso me molestaba y le sacaba mil pegas a todo lo que ella hacía. Sí, se había generado un efecto halo negativo difícil de eliminar que me generaba malestar a mí y a mi marido cada vez que llegaba a casa y no hablaba de otra cosa que de Silvia en plan negativo.

Todos los días me tomaba y servía como dice Borja Vilaseca, chupitos de cianuro. Sí.

Y… si te sientes identificada en esta situación la pregunta que viene a continuación quizá no te guste y es la que en su día a mí me hicieron y me hizo reaccionar:

La bruja, ¿quién es? ¿la tal Silvia o eres tú?

¿Estaría siendo un poco bruja yo también? -pensé.

Me hizo reaccionar y reflexionar sobre varias cosas:

  • Yo podría estar siendo algo bruja para la otra persona también.
  • Quizá si algo no me gusta del otro es porque pudiera ser yo lo tuviera y me costase reconocerlo. Aquello del área ciega, las proyecciones o los otros como espejo.
  • Si soy parte del problema, soy parte de la solución.
  • Será más fácil cambiar yo y la forma en la que veo las cosas que pretender cambiar a otra persona. Locus de control.
  • Poner el foco en mí, en lo que yo puedo hacer, mi responsabilidad y no en lo externo, en lo que está fuera de mi ámbito de actuación, en la queja o los “es que”. Dejar de victimizarme y fíjate pobrecita yo que Silvia esto y lo otro y, responsabilizarme.
  • De mí depende el que me afecte o no la situación. Si no la historia y frase de Viktor Frankl de que “cuando ya no podemos cambiar una situación, tenemos el desafío de cambiarnos a nosotros mismos”
  • Preguntarme: qué tengo que aprender de esta situación.
  • Hablar el tema directamente con Silvia desde una comunicación asertiva y no violenta siguiendo los pasos de Marshall Rosenberg desde:
    • Veo…
    • Siento…
    • Necesito…
    • Te pido…
  • Ir al origen de la situación y buscar distintas interpretaciones a los hechos. Algo que conocí en mis clases de coaching y aplico hoy en día con algunos clientes: la escalera de inferencias.
    • Hechos
    • Interpretación
    • Juicio (etiqueta)
    • Acción
    • Emoción

Ahí me di cuenta realmente de que al cambiar la interpretación que yo hacía de la situación y de pensar que lo hacía para fastidarme y porque quizá habría querido ser ella la persona elegida para ser responsable de departamento, la etiqueta y la emoción cambiaron radicalmente pasando de “bruja, brujísima” y  rabia y tristeza a algo completamente muy diferente como la interpretación de tomar una decisión acertada además pasando a ser la etiqueta de “profesional” y la emoción del amor en sentido amplio por la admiración de su liderazgo.

El pensamiento gatilla la emoción y ésta, la acción.

Mirando atrás la veo realmente como una MAESTRA para mí donde al poner el foco en mí, tomé conciencia de que debía desarrollar mis limitadas habilidades sociales de comunicación y mi pobre inteligencia emocional. Y sí, seguramente me comporté algo bruja.
Acabar con la frase de Jack Sparrow en la película de Piratas del Caribe.

“El problema no es el problema.
El problema, es tu actitud ante el problema”

 

Y un enorme  ¡G R A C I A S!

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