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Es ver a una persona y ¡pam! ¡Etiqueta!

Sí, sin duda es lo que nos ha hecho evolucionar y sobrevivir como especie pues de lo contrario habríamos sido comidos por algún animal como por ejemplo un león por no haberlo etiquetado de fiero y peligroso. Pero ¿para qué en estos tiempos?

Saber de dónde viene esto de etiquetar a los demás ayuda a que nos demos cuenta de que continuamos haciéndolo porque nos fue útil en el pasado y lo es también en algunas situaciones. No obstante, en la mayoría de casos, a fecha de hoy, sirve para poco positivo ya que supone más una barrera que limita la comunicación y las buenas relaciones.

Las etiquetas justifican un comportamiento y no dan lugar ni oportunidad alguna al cambio. Además, corremos el riesgo de la profecía autocumplida en la que asumimos que si todo el mundo dice que soy “x” entonces es que “debo serlo”.

 

En esto de las etiquetas y sabiendo que vienen generadas por la mente como mecanismo de superviviencia, estarás de acuerdo conmigo que a fecha de hoy, prescindir de ellas en la mayoría de situaciones con personas, nos hará tener una mirada más amplia, empatizar mejor y obtener incluso mejores resultados en nuestro día a día ya sea laboral o personal.

No se me ocurre nada donde lo que hagamos no tenga alguna interacción con algún ser humano pues uno incluso aún y estando solos, nosotros mismos también interactuamos con nuestra propia  persona, esa auto interacción. Sí, nos hablamos, mantenemos con nosotros mismos un diálogo interno e incluso nos etiquetamos. ¿Eres consciente de qué te dices?

¿Has oído alguna vez eso de que el “lenguaje genera la realidad”?

Interesante enfoque este que escuché por primera vez de Rafael Echevarría en mi formación como coach ejecutivo y que daría para otro post e interesantísimo debate.

 

Volviendo a las etiquetas, además ¿sabías que dice mucho más lo que decimos de los demás sobre nosotros mismos que de los otros?

Sí, eso que decimos de otros, etiquetas principalmente o cosas que nos molestan, habla de nuestras limitaciones, de áreas ciegas o que nos cuesta reconocer y sobre todo de cómo vemos el mundo. Habla de nuestra percepción.

Me voy a centrar en la parte de comportamientos para poder explicar un concepto previo muy importante en esto de las etiquetas ya que solemos confundir lo que somos con lo que hacemos.

Para entender esto quiero traerte una una de las maravillosas frases que tiene la película de Forrest Gump, en concreto la de “Mi mamá dice que tonto es el que hace tonterías”.

¿En qué nos basamos para afirmar que alguien es “tonto” o cualquier otra etiqueta?

Si hacemos tonterías, ¿somos tontos?

Seguramente no seamos tontos pero ocurre que las personas etiquetamos a otros en función de las cosas que vemos que HACEN. Distinción importante SER vs HACER.

Mismo ejemplo serviría para por ejemplo la impuntualidad o el dicho de “un perro que maté…”.

Es importante matizar que esto es así porque hablamos de comportamientos y no de personalidad que es algo mucho más profundo que las meras acciones que son observables.

En asertividad se habla de atacar al hecho y no a la persona.

Ejemplo: Has llegado tarde vs eres un impuntual.

Ahí te puede interesar conocer el método de comunicación no violenta de Marshall Rosenberg que me encanta y viene fenomenal para poder decir lo que pensamos sin atacar al otro.

 

Ais! Etiquetas para qué las quiero.

 

De todas formas en esto de las etiquetas podría incluso atreverme a decir:

“Dime cómo etiquetas y te diré quién eres”

Sí, porque cada uno tenemos una preferencia u otra de hacer las cosas. Lo rápido y fácil es no darnos cuenta de que tendemos a pensar que la forma propia de uno es la mejor. Así al ver que otros lo hacen diferente a nosotros tendemos a pensar que son “x” en lugar de abrirnos a aprender sobre lo que vemos o ese mundo del otro.

En lugar de poner una etiqueta, te animo a preguntarte: ¿qué puedo aprender de esta persona o de cómo hace las cosas?

¿Qué hay más allá de la etiqueta?

Ampliemos nuestra mirada, nuestra forma de ver a las personas y al mundo.

3 beneficios de viajar que desearás (y puedes) aplicar al mundo de la empresa

1.- Apertura mental.

Cuando viajamos estamos abiertos a conocer nuevos lugares, culturas diferentes, probar otro tipo de comida, que los demás hablen en otros idiomas,…

Existe una apertura para recibir lo nuevo, lo desconocido.

Fíjate que esta experiencia de viajar hace incluso, que seamos capaces de replantearnos formas de funcionamiento diferentes, sí, sí, hablo de modificar nuestros esquemas de pensamiento sobre cómo son o cómo deberían de ser las cosas y logramos ver más allá, ampliamos la mirada, la mente y se abren numerosas posibilidades que ni imaginábamos.

Aplicar esto en la empresa y conseguir esta apertura en las personas favorece la empatía, la escucha, las relaciones interpersonales, la creatividad, el replantearse cómo se han hecho las cosas hasta el momento,…

Estarás de acuerdo conmigo en que se eliminan o si no se reducen considerablemente creencias y barreras generadas por la rutina e incluso esos juicios que tenemos sobre algunos/as compañeros/as, etiquetas que nublan y no nos permiten ver a la persona en su totalidad con sus defectos sí aunque también con sus virtudes (conocido efecto halo negativo). Importante también saber separar el rol del puesto de la persona.

Y, ¿qué me dices de esa frase matadora de “aquí las cosas siempre se han hecho así”?

 

En definitiva, consigue un cambio de mentalidad generador de mejoras, tanto en relaciones como en procesos.

 

“Viajar es un ejercicio con consecuencias fatales para los prejuicios,
la intolerancia y la estrechez de mente» – Mark Twain.

 

 2.- Autoconocimiento.

Viajemos solos o acompañados descubriremos aspectos nuestros, de nosotros mismos que desconocíamos o que incluso nos sorprenderán.

Un viaje nos hace salir de esa zona que conocemos (zona de confort) a otra que podríamos llamar de descubrimiento y por lo tanto, de autoconocimiento.

Podemos quizá sorprendemos afrontando situaciones con muchísima paciencia, relativizando y restando importancia a ciertos problemas que surgen, dándonos cuenta de que podemos vivir sin aquello que hemos olvidado meter en la maleta, por ejemplo o incluso adaptándonos a situaciones y otros entornos de forma rápida y flexible.

Estamos más presentes en el aquí y el ahora, más en contacto con nosotros mismos, con nuestras pasiones,…además el encontrarnos ante nuevas situaciones nos hace darnos cuenta de lo valientes y capaces que somos minimizando ciertos miedos…

En cualquier caso, viajar nos hace crecer, reflexionar, madurar, tener más información sobre nosotros mismos, sobre cómo funcionamos, sobre nuestras fortalezas y nuestras áreas de mejora,…

Imagínate el impacto que pueden tener nuestras acciones en la empresa con mayor introspección, autoconocimiento y confianza en uno mismo. Conocernos más nos ayuda a optimizar nuestra manera de funcionar y esto nos lleva a obtener mejores resultados.

 

“El verdadero viaje de descubrimiento no consiste en buscar nuevos paisajes,
 si no en mirar con nuevos ojos.” Marcel Proust.

 

3.- Acción. Aprender que lo importante es el camino.

Indudablemente hemos de marcar destino y trazar una hoja de ruta (objetivos y plan de acción como empresa).

 ¿Qué queremos ver y visitar? Solemos marcar aquellas cosas que no queremos perdernos durante nuestro viaje.

Sabemos que deberemos organizarnos para que nos dé tiempo a todo, establecer prioridades y tiempos, llamar para reservar,…

Esto nos lleva a algunas personas a elaborar incluso un planning o estructurar una hoja de ruta y por supuesto de presupuesto.

Fíjate qué curioso y evidente resulta que para poder ir de un punto a otro es muy importante ubicarse y saber dónde estamos, lo que es lo mismo, ese punto en el mapa que nos indica “usted está aquí”. Es entonces cuando sabemos esto, que podemos trazar el camino más recto posible, sin dar rodeos ni equivocarnos. Más de una vez me ha pasado andar en sentido contrario ¿a ti no?

 

Observo en las empresas que mucho objetivos, objetivos,… ojo! Que es algo que está muy bien y hoy en día es más que determinante en el éxito de una empresa. Debemos marcarnos retos y a dónde queremos llegar, sí. Ahora bien, ¿qué pasa con ese análisis de situación actual en cuanto a dónde estamos, cuáles son nuestras fortalezas y nuestras áreas de mejora? Es más, hay textos enmarcados con aquello de misión, visión y valores, que sabemos son más parte de la decoración en la mayoría de los casos que de la práctica real diaria de la organización.

¿Dónde estamos?

¿Cómo vamos a conseguir llegar a la meta que nos hemos marcado?

Y una vez definido destino, esto es objetivos y elaborado hoja de ruta o lo que en la empresa llamamos plan de acción, toca enfocarse en el camino. Una vez en el camino ya sí que bien es cierto que podemos hablar de resiliencia por aquello de que en él caeremos, nos levantaremos, insistiremos, aprenderemos,…

 

“Nuestro destino de viaje nunca es un lugar,
sino una nueva forma de mirar las cosas.” Henry Miller.

  

Hay estudios que afirman que todo viaje “suma” y que viajar tiene efectos beneficiosos para la salud. En concreto, la mayoría de ellos coinciden en que disminuye el estrés y la ansiedad, aumenta las habilidades sociales y comunicativas, amplía posibilidades, favorece el auto-descubrimiento, nos aleja del miedo y las inseguridades, nos hace replantearnos cosas,… en definitiva, ¡nos hace más felices!

“VIAJAR ES LA RESPUESTA, NO IMPORTA CUÁL SEA LA PREGUNTA”

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