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¡¡Plof!! Sí, sí. ¡Plof!

Y es que no todos los días estamos como aquella canción de Hombres G donde David Summers empieza cantando “Hoy me he levantado dando un salto mortal,…”.

Y no, no todos los días tenemos esa actitud del título de “Voy a pasármelo bien”.

Te ocurre a ti, a mí y por supuesto también a los trabajadores y compañeros de la empresa. Y esto, queramos o no, influye directa e inevitablemente en el rendimiento y la cuenta de resultados.

¿Cómo hacemos para motivar a los demás y en concreto a los trabajadores?

Podría poneros un listado de claves para mantener la motivación pero, ¿servirían para todos?
¿Acaso le motivan a Juan las mismas cosas que a Ana o que a Antonio o Isabel?

Por supuesto que hay cosas generales para todos y el listado vendría a ser algo como:

  • Escucha con atención lo que tengan que decirte.
  • Reconoce sus logros y alaba sus progresos.
  • Dales autonomía.
  • Ofrece flexibilidad de horarios y conciliación familiar.

 

De todo esto podemos encontrar información muy fácilmente pero como te decía no hay medidas que funcionen para todos porque cada uno de nosotros es diferente.

Lo que sí hay es una clasificación en base a 4 estilos de comportamiento que puede orientarnos mejor para entender esas diferencias y saber cómo adaptar nuestras medidas motivadoras. Esto viene del psicólogo William Marston que se centró en dar explicación a las conductas de las gente común.  ¿Te gustaría conocerlas?

La clasificación responde a las siglas DISC que vienen de cuál es la respuesta en cuanto a:

  • Dominancia
  • Influencia
  • Serenidad
  • Cumplimiento

Y esto mismo se asocia con un color para cada uno de ellos siendo éstos el rojo, el amarillo, el verde y el  azul.

De ahí que haya personas que será mejor motivarlas según su estilo de comportamiento que cogiendo la clasificación de MapsTell y para una primera idea breve sería:

  • Decisivo
    • Ofrecerle tareas variadas y desafiantes.
    • Dale mucha libertad en cómo hacer las cosas.
    • Hablarle de resultados y recompensas.
    • Reconoce sus logros con una palmadita en la espalda.
  • Influyente
    • Establece objetivos claros y permítele trabajar junto a otros.
    • Crea espacios en los que pueda compartir sus ideas y pensamientos.
    • Fomenta actividades de grupo fuera del trabajo.
    • Aprecia y reconoce públicamente sus habilidades y dale popularidad.

 

  • Estable
    • Define claramente sus tareas y establece o permítele hacer sus propios procesos y procedimientos.
    • Asignalé proyectos que pueda llevar de manera completa de principio a fin.
    • Dale espacio, un ambiente armónico, libre de conflictos y respeta su ritmo.
    • Ofrécele la oportunidad de ayudar a otros o contribuir y reconoce su apoyo al grupo.

 

  • Concienzudo
    • Establece un marco claro de trabajo, adelántale la información por escrito y habla con datos objetivos.
    • Haz una descripción precisa de la tarea donde disponga de tiempo para que pueda recopilar la información necesaria, analizar y reflexionar así como cuidar los detalles y la calidad.
    • Plantéale proyectos que requieran conocimientos específicos y experiencia.
    • Confirma que está realizando bien y correctamente según esperas su trabajo.

 

Ya sé qué te estás preguntando, sí. Y ¿cómo saber de qué estilo es cada uno?

No tenemos un detector de estilos automático en plan escanner que pasar a la gente pero casi. Sí sí, casi porque podemos “mapear” personas y equipos para un mejor entendimiento.

La verdad que es cuestión de hacer un test de diagnóstico o formarse algo en estilos conductuales.

Como es algo más largo de explicar de lo que sería un artículo en un blog, te animo para empezar a que descubras tú mismo/a tu propio estilo.

Puedes hacerlo en el siguiente enlace de manera totalmente gratuita a través del cuestionario de MapsTell visual y original que te pondrá sobre un mapa, literalmente: http://bit.ly/MapsTell

 

 

Y, por supuesto, te recomiendo conocer mucho mejor a tu equipo a través de alguno de los talleres de PersonalMapping para el que puedes solicitarnos información y ver opciones desde 4 horas modalidad in-company.

Para mejorar no solamente la motivación, si no también ventas, clima laboral, liderazgo y trabajo en equipo.

Un ambiente en el que sabemos cómo tratar a los demás y los demás saben lo que necesito y cómo lo prefiero, es sin duda un espacio más agradable y productivo con ese extra de empatía.

 

Más en mapstell.com

Será cosa de tanta vitamina D por el sol -yo que estoy en el mediterráneo- o por aquello de alguna sustancia en los plásticos del forro de los libros o qué sé yo pero… sí hay algo con el inicio de curso que, nos hace plantearnos ser  como “mejores personas”.

Nuevas metas, nuevos objetivos, nuevos hábitos, nuevos propósitos,… nuevo yo, nueva vida.

Sí, sí. Y además suele venir acompañado de “voy a hacer deporte, comer sano, aprender inglés, dejar de fumar… impulsar mi negocio, motivar a mis colaboradores,… escribir un libro,…”.

Nos lo planteamos y ¿qué nos ocurre? Algo parecido a lo que leía el otro día en un post de una red social:

“Mañana pienso correr 7 kilómetros, como hoy, que también lo he pensado”.

Empezamos muy motivados con los nuevos propósitos y objetivos pero, no llegamos ni a diciembre y a la vuelta de la esquina, en el mes de enero ya estamos otra vez vuelta a empezar.

No han pasado ni 4 meses y ¿qué ocurre? ¿Por qué no conseguimos ser constantes?

Responde con sinceridad y dime, ¿cuántas veces te has propuesto ya aprender inglés, ir al gimnasio, dejar de fumar, o alguna otra y aún no lo has conseguido?

Bueno…, es que…, ya pero… – ¡¡¡EXCUSAS!!!  O ¿no?

¡Tranquil@! No tienes culpa. Y,.. sí, ¡por supuesto! reconozco que a mí también me ha pasado. Soy persona y no lo hago todo perfecto, ni mucho menos. Nos ha pasado a más de un@.

¿Quieres saber qué hacer para conseguirlo? ¡Te cuento el secreto!

Tras casi 10 años como coach ejecutivo, algo sé en esto de motivación, cambios, hábitos y conseguir objetivos.
Secretos diría que no hay, lo que sí hay son preguntas potentes para responsabilizarte, comprometerte y agilizar el proceso de conseguir lo que te propongas.

Es la forma de reflexionar, definir objetivos, tomar conciencia de nuestros saboteadores para eliminarlos o minimizarlos e  ir realmente a por lo que queremos. ¡Conseguir cambios agilizando el proceso!

¿Cómo? – Con 3 preguntas:

¿Qué quieres?

Has de tener claro qué quieres conseguir, para qué y si realmente compensa el esfuerzo para conseguirlo, entonces, ponerle fecha de inicio y fin. Vamos por partes:

Definición del objetivo por escrito. El hecho de escribirlo le da fuerza.

  • Que cumpla los siguientes requisitos META (o en inglés SMART):
M edible, E specífico, T angible, A lcanzable.  S pecific, M easurable, ttainable, R ealist, imely.

Una vez escrito revisa:

  • Está en positivo.

No podrá contener negación o palabras que indiquen lo que no quiero. Ejemplo: Evitar comer chocolate. No picar entre horas. No agobiarme con el correo electrónico y todas las tareas que tengo que hacer.

Esto es como si te digo: No pienses en un elefante rosa.

¡Ves! Ya apareció en tu cabeza. La mente no funciona en negativo. En positivo mejor.

Siguiendo con uno de los ejemplos sería: Comer sano haciendo 5 comidas diarias de lunes a viernes según la dieta del nutricionista (comiendo arroz, pollo, ensaladas…) de aquí a finales de año para mantener el colesterol en los parámetros recomendados.

Escribe ¿qué quieres?

  • Es propio y depende de ti.

Redáctalo en primera persona del singular: Yo quiero….

  • Es específico.

Que responda a las preguntas:

¿Quién? ¿Qué? ¿Cómo? ¿Cuándo? ¿Dónde? ¿Para qué?

  • Es desafiante.

Que te haga salir de tu zona de confort. Que suponga hacer cosas distintas. Que sea realmente un reto.

Y ahora,

  • Analiza qué ganas y a qué has de renunciar para conseguirlo.

¿Qué ganas? ¿Qué pierdes?

De esta forma veremos hacia donde se decanta la balanza, si bien hacia los beneficios y me compensa, o por el contrario a las pérdidas, inconvenientes, siendo mayor el esfuerzo a realizar que la recompensa de obtenerlo.

En este último caso tu motivación caerá y será difícil conseguirlo si no tienes un buen “para qué quieres hacerlo”.

Que te compensa, pues sigamos.

 

¿Qué te lo impide?

Identifica cuáles son tus saboteadores, barreras, obstáculos a la hora de conseguir tu objetivo. Quizá el miedo al qué dirán, miedo a fallar, miedo a perder lo que tienes, la pereza, la falta de fuerza de voluntad, el orgullo…

Haz una lista, reflexiona sobre ellas y plantea a continuación soluciones a cada uno de los impedimentos.

Será un paso importante darte cuenta que en esa lista apareces tú. Sí, eres tu mayor saboteador. Tu pereza, tu “mañana empiezo” (conocido como procrastinar y posponer el hacer las cosas), tu tirar balones fuera de que son los demás, de tu “voy a esperar al momento ideal”…  -y que se alineen los astros, ¡venga ya!-.

Tú eres parte del problema y, ¡estás de suerte! Habrás oído eso de que entonces, tú eres parte de la solución.

Vamos con la última pregunta:

¿Qué vas a hacer?

Aquí es donde has de indicar acciones. Enumerar cosas concretas que vas a realizar. Desarrolla los pasos que dar en el camino y que te acercarán a tu objetivo. Acciones concretas y específicas.

Y… sigue leyendo porque falta uno de los aspectos más importantes para conseguir llevarlo a cabo ya que atendiendo a la Ley de Parkinson: “el trabajo se expande hasta llenar el tiempo disponible para que se termine”.

¿Qué nos falta pues? ¡Poner fecha!

Es muy importante fijar tiempos y plazos para que esas acciones no queden en la lista de “pendientes” y, sobre todo, que no perdamos la motivación. Marca una fecha de inicio y una fecha de fin. Y si la fecha de fin está muy lejos, divide el objetivo en pequeñas acciones para poder tener metas a corto, medio y largo plazo.

Con todo esto hemos conseguido tener un plan de acción individual.

Después de todo el trabajo, otro de los aspectos importantes a tener en cuenta es, el seguimiento de esas acciones.

El anotar que has hecho lo que dijiste que harías te permitirá tener presente en el día a día tu objetivo. El ver los progresos te mantendrá motivado a seguir caminando en línea a conseguir tu objetivo.

De esta forma, lograrás consolidar nuevos hábitos e ir cumpliendo plazos con las acciones propuestas.

Una vez hecho todo esto, la probabilidad de que consigas tu objetivo es, sin duda, mucho mayor.
Sobre todo porque te darás cuenta que el mayor saboteador ¡eras tú!

No obstante, recuerda que la felicidad está en el camino y no en el destino.

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